Para los lectores, Chichita no es un personaje extraño en los cuentos que forman parte de la extensa literatura de Hernán Casciari. A través de los relatos, el escritor plasmó una forma de ejercer la maternidad que marcó a toda una generación donde el golpe físico no estaba mal visto y las prioridades eran otras. Con el riesgo (o la certeza) de ser humillado en vivo, el autor creó “La señora que me parió”, una obra que repasa con humor el vínculo entre madre e hijo.
Antes de su llegada al Coliseo Podestá el próximo sábado 26 de octubre, el creador de Orsai conversó con El Editor Platense sobre el nuevo vínculo que generó con su mamá, su faceta como actriz y la importancia de la literatura como motor.
— Conocemos tus cuentos, pero ahora se suma una nueva voz
— Mi madre es una figura fuerte en mi vida más que en mi obra, pero también he escrito mucho sobre ella y ahora se sube el escenario más que nada para defenderse porque nunca fue un personaje muy benévolo, una especie de villano en mi infancia y mi adolescencia, por lo menos en mis cuentos. Ella lo disfruta.
— ¿Cómo es Chichita en este nuevo rol?
— Es increíble lo bien que lo hace. Es realmente una gran actriz. Nunca pudo despuntar el vicio de la actuación, su papá no se lo permitió cuando era joven y mi padre, su marido, tampoco tuvo mucha muchas ganas de que fuera actriz y ahora estaba despuntando el vicio. Lo disfruta muchísimo, tiene 77 años Chichita y la ovación en la calle Corrientes los miércoles y los jueves, la pone contenta.
— ¿Hay algo que te sorprendió trabajando con ella?
— Me sorprendió que haya un vínculo. El hecho de que hagamos teatro nos sirvió para darnos cuenta de que teníamos temas en común, más allá de esa obligación que significa ser madre e hijo, algo que te impone el destino. Que esa sea tu madre o que ese sea tu hijo no es una decisión. En cambio para nosotros subirnos al escenario, el uno con el otro, es una decisión y eso nos pone muy contentos porque estamos decidiendo estar con la otra persona. Yo soy muy terrible, le digo "mirá que si me rompes las bolas, llamo a Normal Aleandro", pero lo digo en chiste porque en realidad preferiría mil veces estar con mi vieja en el escenario y no con Norma Aleandro, entonces nos parece muy divertido estar eligiendonos.
— ¿Descubriste algo nuevo de Chichita?
— Primero que sea tremendamente profesional. No toma esta invitación que le hice hace bastante tiempo como una invitación familiar, sino de trabajo. Es disciplinada, estudia lo que tiene que hacer, se compromete. A la semana siguiente lo hace siempre mejor y vos te das cuenta que estuvo en la casa ensayando o buscando una mejor manera de hacerlo. Cuando improvisa, lo hace siempre desde el personaje y es muy generosa con los pies que da para que el chiste lo haga yo cuando cuando me toca y también es muy buena definiendo el gol que tiene que hacer ella. Me sorprende un montón, pero mucho eh. Independientemente de lo familiar, es una persona que conoce mis textos tan bien que es capaz de mejorarlos cuando los compone.
— ¿Descubriste en qué te influyó ella a lo largo de tu vida?
— Sí, me pasa con mi viejo y mis abuelos también. En realidad, tengo una conexión o por lo menos una observación muy cercana de las influencias de mi familia, de mis amigos, de las que han sido mi pareja, de mi pareja actual, de la anterior, de mis hijas. Soy súper maleable, no me despego de la observación permanente de saber que soy el que soy por todos los que me rodearon siempre. Los padres son fundamentales. Por ejemplo, reconozco que el humor que tengo cuando hago literatura, mis partes humorísticas, son absolutamente de mi viejo. Los mismos chistes, la misma estructura de humor. Y las partes emotivas son de mi mamá en mis cuentos. Entonces, claro, en eso, hasta en lo laboral o lo que más me apasiona hacer que es escribir está imbuido por la presencia materna y paterna.
— Chichita es muy representativa de un modelo de madre argentina
— Es muy argentina, pero también es lo que nosotros entendemos por mamá argentina que en realidad es muy tana, judía, española. Esa mezcla de madres coraje o de madre que está todo el tiempo tratando de que la manada esté contenta, feliz, bien alimentada, abrigada, con trabajo y con una novia o novio que no te rompa el corazón. Es muy eso, pero es muy lo que entendemos nosotros por madre en general también y por eso mismo nos cuesta tanto en la modernidad entender que una mujer, por ejemplo, no quiera tener hijos. Esa clase de sensación prehistórica de que algo está mal si una mujer no quiere ser madre, que en absolutos así, pero como estamos tan acostumbrados que nos parece raro.
— La maternidad de tus cuentos, que representa a una generación, es muy distinta a la actual
— Absolutamente y, además, en la obra se habla un poco de eso. Por ejemplo, desde el costado de, en este caso, madre golpeadora. Lo raro que suena ahora contarlo, recordar que las madres y los padres fajaban permanentemente a los chicos en los 70 y 80. También hay un cambio de paradigma en eso, en la madre trabajadora, que antes era ama de casa y casi nada más. Así que en la obra se tocan mucho esos temas.
— ¿Hay un Hernán que no conocemos a partir de tu literatura?
— Independientemente de la escritura, siempre hay una parte de vos que no conoce tu pareja, ni tu madre. Hay una parte de vos que no conoce tu jefe y hay otras partes que sí conocen esas mismas personas. Somos como una especie de hexágono o de prisma, entonces mostramos un costado que queremos según se está mirando y yo en literatura soy igual. No cuento la esfera completa sino el lado de la luna que se puede mostrar. Todos tenemos cierta vanidad, cierto ego o incluso cierta vergüenza de demostrar algunas cosas. Yo muestro en mi literatura lo que sé que tiene sentido ser contado como un conflicto narrativo.
— ¿Eso fue cambiando o hay temas que pensas no escribir nunca?
— Crecer tiene que ver con eso. He escrito cosas que dos años antes era impensado que se pudiera escribir. A veces lo hago para pedir perdón, a veces escribo para dejar de sentir culpa, a veces escribo para recordar algo que sé que si no lo escribo lo dejo de recordar inmediatamente. La escritura es una especie de reservorio o de archivo, me sirve para un montón de cosas no solamente para el cuento o para la narrativa, sino también para mi.
Fotos: Alejandro Guyot.