¿Te acordás del inicio de Estudiantes? Fue un solo triunfo por la Liga Profesional, con una pintoresca victoria en Copa Argentina frente a un rival de cuarta categoría, en un total de seis partidos a cargo del ciclo Abel Balbo. Puesto 23 y 12 goles en contra. Era el mismo plantel que ahora, aunque siendo una torre de bases torcidas y sin ideas claras hacia dónde ir. Pese a ese arranque, fue lo mejor que le pasó a Estudiantes: saber que ese no era el plano perfecto. Quedó cuarto, recibiendo 16 tantos en 21 cotejos y solo en cinco no anotó.
Lejos pero quizás en algún plan B o C estaba el nombre de Eduardo Domínguez. Venía de un buen trabajo en Colón, complicado en Independiente y destacado en Huracán. Un ex-defensor que sabía que la base estaba atrás, que más que disfrutar los cánticos de la hinchada (como para Balbo la canción del 'Equipo del Narigón'), buscó generar que los 30.000 griten 'Estudió, Estudió' cada vez que el plantel pisaba UNO y que la motivación partiera del verde al cemento.
Domínguez no es que llegó y fue todo práctico y sencillo. El clásico fue el golpe que terminó de levantar al equipo y saber que el compromiso era de todos: que la camiseta había que defenderla hasta el final, que peor de lo que se estaba era imposible y el trabajo mental era un partido aparte a ganar día a día en las concentraciones de City Bell.
Sabe que esto no es el techo. Ya formó las cuatro paredes, contrapiso, piso, puertas y algunas ventanas. Ya hoy sí se sabe cómo juega Estudiantes aunque todavía la altura sigue en construcción. Solo tres caídas entre los 30 partidos que lleva a cargo (con Copa Argentina y Sudamericana inclusive), quebrando marcas en La Bombonera y en La Paternal.
Quedarán los partidos ante Goiás para definir el futuro internacional; a la espera del rival de Copa Argentina; mientras que serán 14 partidos más por Copa de la Liga, con chance de revancha en octubre frente a Gimnasia.
Pocas veces un arquitecto toma la conducción de una obra y elige las decisiones correctas para no romper la estructura, el estilo y poder transformar lo desordenado en un proyecto digno de admirar. Y como si fuese Antoni Gaudí con la Sagrada Familia, siempre está retocando los planos y detalles por un objetivo mayor. Eduardo sabe que el equipo no tiene techo. Domínguez construcción.