El año es el 1990 y Argentina está jugando frente a Italia. Primero pierde, después empata con un gol que un nene grita solito en Barrio Hipódromo, más precisamente en el living de la casa de su tía Laly, la amiga de su mamá que desde la cocina relojea las emociones de su cachorro.
Argentina pierde, Argentina empata y después el partido se va a penales mientras el nene aprovecha para ir al kiosco y elegir una golosina que traía figuras para recortar en cartón de Lucha Fuerte. Argentina gana por penales y todo se vuelve difuso pero el recuerdo está, eso pasó, hace más de tres décadas, pero pasó. Eso se grabó para siempre.
Igual que se grabó antes el revoleo por el aire de los tallarines con el gol de Caniggia a Brasil algún día al mediodía y después como un par de hermanos recuerdan los penales ante Yugoslavia en el predio de los visitadores médicos en 507 y 135. Era el año del Mundial de Italia y ese, como será para millones hoy, fue el primer mundial que aquel niño recuerda con cierta claridad, entendiendo, viviendo y sintiendo lo que la cosa genera.
Este 16 de junio será para millones de peques entre 8 y 12 años su primer Mundial a recordar. A la vez que será también el debut frente a la pantalla de la multitudinaria camada de Lioneles, Antonelas, Emilianos y Rodrigos que se formó en 2022 con los 608.617 nacimientos que hubo en Argentina.
Si bien el recuerdo tiene chances de volverse efímero esta fecha se volverá imborrable porque, se sabe, la vida del futbolero se divide en mundiales.
Recuerdos que mienten un poco: el Mundial 2026 como puente
Se dice que las muertes ennoblecen a algunas personas (como las partidas o algunas distancias marcadas) y los recuerdos mundialistas no son ajenos a esta aplicación popular. Muchos que estuvieron en el 2022 ya no están más y en ese recuerdo de festejo quizás se pueda alejar el último momento feliz entre partes que en el día después volvieron al desamor que genera la distancia caprichosa.
Así de intensa es la vida del futbolero. Entre sus variantes encontraremos a los moquearán cuando suene el himno del país que vive carajeando, a los que buscarán convencer a su nena que es un planazo ver a Messi en su último mundial y, entre otras miles de alternativas, a los que vivirán con culpa cualquier adversidad por no haber cumplido la promesa de tatuarse algo - cualquier cosa, desde una estrella a un cinco de copas pasando por un Messi- vinculado con la gesta de Qatar .
Quienes habitamos en el lado N°5 de la vida consumiremos nuevamente las mieles de la abeja reina futbolera y buscaremos, en principio, que el efecto no se apoderé de casi todo en una batalla donde los estados de ánimo suelen quedar en jaque.
Sea bienvenido entonces el debut de la Scaloneta 2026 para calmar las fieras, para romper el témpano entre partes o para lo que sea que nos haga bien y nos reevíncule con lo más lindo de la pelota en celeste y blanco: el compartir con los que amamos, porque, Ley Primera: a la Selección Argentina no se la comparte con cualquiera.
Con las emociones a flor de piel y con la posibilidad de que el hecho de haber ganado el anterior nos baje un poco las pulsaciones habituales estamos siempre invitados a la gala mundialista. Será el primero para millones y vaya a saber para cuantos el último, vale la pena disfrutarlo, aunque sea por los recuerdos.