A 20 años

La vuelta de Verón y el día que Estudiantes volvió a pensar en grande

El regreso de Juan Sebastián Verón a Estudiantes encontró a un futbolista vigente y aceleró una transformación que devolvió al Pincha al centro de la escena
Por Tomas Leopardi05 de junio de 2026 - 19:30

Se cumplen 20 años del regreso de Juan Sebastián Verón a Estudiantes. El 5 de junio de 2006, la Brujita fue presentada oficialmente en City Bell y dio inicio a una etapa que terminaría modificando la historia moderna del club. Dos décadas después, aquella decisión sigue siendo señalada como uno de los puntos de inflexión más importantes del ciclo que devolvió al Pincha al protagonismo nacional e internacional.

Juan Sebastián Verón tenía 31 años cuando volvió a Estudiantes. Llevaba una década compitiendo en la élite del fútbol europeo, había vestido las camisetas de algunos de los clubes más importantes del continente y seguía siendo una pieza vigente en el máximo nivel. Por eso, aquel 5 de junio, su regreso no fue interpretado como la vuelta de una figura en el tramo final de su carrera, sino como la decisión de un futbolista todavía competitivo de apostar por el club que lo había visto nacer.

Sin embargo, veinte años después, la importancia de aquella decisión excede el impacto deportivo que generó su regreso. La verdadera dimensión de aquel día puede encontrarse en otro lugar: fue el momento en que Estudiantes comenzó a cambiar la escala de sus aspiraciones.

Del protagonismo Pincha a la reconstrucción

Sin embargo, desde la década de 1990 en adelante, Estudiantes transitaba una realidad muy distinta. Lejos de las gestas que lo habían convertido en una referencia del fútbol sudamericano, el club atravesó años de irregularidad deportiva, perdió protagonismo en los campeonatos locales y llegó a tocar fondo con el descenso de 1994. Si bien el regreso a Primera fue inmediato y hubo campañas destacadas durante la segunda mitad de la década, el Pincha ya no ocupaba el lugar central que había sabido construir a lo largo de su historia.

La grandeza seguía intacta en las vitrinas y en la memoria colectiva. Lo que parecía haberse deteriorado era la capacidad de transformar esa historia en presente. Estudiantes seguía siendo respetado por lo que había sido, aunque todavía estaba lejos de recuperar de manera sostenida el protagonismo que había caracterizado a sus mejores épocas. En ese contexto comenzaron a gestarse una serie de decisiones que terminarían modificando el rumbo de la institución durante los años siguientes.

La icónica foto de Bilardo bebiendo "Gatorade" es del 22 de febrero de 2004

El punto de inflexión comenzó a vislumbrarse en 2003. Con el regreso de Carlos Bilardo al club, Estudiantes inició un proceso de recuperación que excedía lo futbolístico. El Narigón llegaba para recuperar una identidad que muchos hinchas sentían adormecida. En una institución donde los resultados siempre estuvieron ligados a una forma particular de entender la competencia, su vuelta representó mucho más que la llegada de un entrenador.

Los cambios no fueron inmediatos, pero comenzaron a aparecer señales. Estudiantes volvió a mirar hacia arriba, recuperó terreno en el plano deportivo y regresó a las competiciones internacionales después de años de ausencia. El club empezaba a reconstruirse sobre las bases de su propia historia, aunque todavía estaba lejos de imaginar lo que ocurriría pocos años más tarde.

Porque una cosa era reconstruirse y otra muy distinta era cambiar de escala. Y allí es donde aparece la vuelta de Juan Sebastián Verón.

La vuelta de Verón y el cambio de escala

A diferencia de otros regresos que suelen producirse cuando el retiro aparece en el horizonte, el regreso de la Brujita encontró a un futbolista plenamente vigente. Con 31 años, una década en el fútbol europeo y pasos por Sampdoria, Parma, Lazio, Manchester United, Chelsea e Inter de Milán, Verón todavía tenía mercado en las principales ligas del mundo. Su vuelta no respondía a la nostalgia ni a la necesidad, fue una decisión.

Luego de 10 años compitiendo en Europa, Juan Sebastián Verón concreto su vuelta al club de sus amores

Por eso, el impacto de aquel 5 de junio de 2006 fue inmediato. No se trataba solamente de recuperar a uno de los hijos pródigos de la institución. Estudiantes incorporaba a un futbolista capaz de modificar la jerarquía del plantel y, al mismo tiempo, enviaba un mensaje hacia adentro y hacia afuera: el club estaba preparado para volver a competir por objetivos importantes.

Los resultados llegaron rápidamente. Apenas seis meses después, el equipo dirigido por Diego Simeone se consagró campeón del Torneo Apertura 2006 tras aquella recordada final ante Boca. El título terminó con una espera de más de dos décadas y confirmó que el proceso iniciado años atrás había encontrado el impulso definitivo.

Verón: el legado de una decisión

Sin embargo, el verdadero valor de aquella etapa no puede medirse únicamente a través de los trofeos. Entre 2006 y 2010, Estudiantes construyó uno de los ciclos más exitosos de su historia reciente. A la conquista del Apertura se sumaron la final de la Copa Sudamericana 2008, la obtención de la Copa Libertadores 2009, la histórica final del Mundial de Clubes frente al Barcelona de Pep Guardiola y un nuevo campeonato local en 2010.

Más importante aún fue el cambio de ambición que se produjo dentro de la institución. Estudiantes dejó de celebrar las clasificaciones a las copas internacionales para volver a discutir cómo ganarlas. La exigencia dejó de estar vinculada a participar y pasó a estar relacionada con competir. El club comenzó a pensarse nuevamente entre los protagonistas del continente.

Veinte años después, los efectos de aquella transformación siguen siendo visibles. El regreso a UNO, el crecimiento institucional, la profesionalización de distintas áreas, el posicionamiento político dentro del fútbol argentino y la capacidad de sostener proyectos ambiciosos forman parte de un mismo recorrido.

Estudiantes tuvo el salto de calidad institucional con la reinauguración de su estadio Jorge Luis Hirschi | Marina Espeche

Por supuesto, sería injusto atribuir todo ese proceso exclusivamente a la vuelta de Verón. La reconstrucción había comenzado antes y tuvo múltiples protagonistas. Pero también resulta difícil imaginar la historia reciente de Estudiantes sin aquel regreso que cambió para siempre la dimensión de sus aspiraciones.

Quizás por eso el debate continúe abierto. Algunos sostendrán que el verdadero punto de partida fue el regreso de Carlos Bilardo en 2003. Otros señalarán la tarde del 5 de junio de 2006 como el momento fundacional del Estudiantes moderno. Lo cierto es que ambas etapas forman parte de una misma historia.

Una historia que comenzó con la recuperación de una identidad y que encontró en la vuelta de Juan Sebastián Verón el impulso necesario para transformar a Estudiantes de un club que miraba con orgullo su pasado en una institución capaz de volver a construir su futuro.

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