A 32 años del cuádruple femicidio de Barreda, la deuda por la reparación sigue latente

La casa donde ocurrieron los crímenes que conmocionaron al país iba a funcionar como espacio de memoria y acompañamiento

El Editor Platense | Guillermina Medina
Por Guillermina Medina
15 de noviembre de 2024 - 17:32

Se cumplen 32 años de aquella fatídica mañana en la ciudad de La Plata, cuando Ricardo Barreda, un reconocido dentista cometió un crimen que lo marcó de por vida y que además, pasó a la historia.

Barreda acabó con la vida de su esposa, sus dos hijas y su suegra en 1992, en su casa de calle 48 entre 11 y 12.  La explicación que le dio a las autoridades, una vez descubierto, fue que había sido humillado por sus familiares,  llamando con insultos y que esa situación, había provocado cierta tensión que lo “hizo desbordar”. 

Sin embargo, los detalles del cuadruple asesinato son escalofriantes. Todo sucedió luego de, según declaró, haber sido insultado por su hija mayor. Allí, fue hacia su habitación tomó una escopeta Víctor Sarasqueta calibre 16 que le había obsequiado su suegra y se dirigió hacia donde estaban las damas. En primer lugar, pasando el gran pasillo que lo llevaba al living, se cruzó con Gladys Mac Donald, su esposa, a quien ejecutó de dos tiros.

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Luego siguió con Cecilia, su hija mayor, a quien le efectuó tres disparos. En ese momento, asomó por las escaleras su hija Adriana, que era su preferida pero igual, mató de dos tiros. No obstante, al escuchar tal ruido, su suegra se acercó corriendo para ser parte también de la masacre, dado que recibió dos balazos en la espalda. 

Después de matar a cuatro miembros de su familia, salió a la calle como si nada hubiese pasado, se encontró con una de sus amantes, fueron a un hotel alojamiento y luego, volvió a la vivienda pasada la una de la madrugada. Fue allí que llamó a la Policía y montó la escena como si hubiese sido un robo fallido, sin embargo, el relato de la entradera y los femicidios se fue cayendo a medida que brindaba testimonio, por eso, días después, confesó la realidad. 

El caso Barreda se convirtió en uno de los más recordados en el país. En el juicio de 1995 participaron testigos y psicólogos que dieron sus puntos de vista sobre las motivaciones que habría tenido el femicida, hecho que generó una grieta en la sociedad: gran parte lo tildó de asesino y lo aborrecía y algunos otros, lo justificaban con que había alcanzado su límite. De esta instancia, el asesino fue condenado a reclusión perpetua por triple homicidio calificado y homicidio simple.

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Con todo esto, en 2008 Ricardo Barreda salió de la cárcel de Gorina bajo el beneficio de la prisión domiciliaria, para vivir con su novia Berta Pochi André en el barrio de Belgrano de Buenos Aires. Duró hasta 2011, que revocaron el beneficio y volvió a la cárcel de Olmos, hasta 2015, que la justicia consideró que había cumplido la condena. En esa oportunidad, anduvo vagando por hospitales y hoteles de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano. Fue en marzo de 2020 que falleció y fue enterrado en el cementerio de José C. Paz con una cruz que reza “arrepentido de mis pecados cometidos”.

Cuando se cumplieron 30 años de este brutal crimen, el gobierno bonaerense señalizó a la casa de Barreda como un espacio de memoria, donde funcionaría un lugar que brindaría políticas públicas para la prevención de las violencias. La casona ubicada en pleno centro platense iba a ser administrada por la municipalidad de La Plata y sería un lugar donde mujeres se podrían acercar ante situaciones de violencia. 

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Los años pasaron y hasta el momento, la vivienda continúa abandonada, sólo con un cartel en la puerta que marca que allí hubo un cuádruple femicidio. Pese a los años de lucha feminista, la deuda por la reparación histórica sigue vigente.

FOTOS: Marina Espeche

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