Los 100 años de Gimnasia con Havelange

Con motivo de seguir presentando “Delmar, el caballero del fútbol”, el querido Colo López nos deleita con una gran historia de su libro

Por ElEditor Platense
29 de septiembre de 2023 - 10:13

Por Gabriel Alejandro López

 “Delmar, el caballero del fútbol”, se puede adquirir en la Sede Social de Gimnasia a un valor de 6900 pesos.

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Para concurrir al Mundial de México la AFA distribuyó 40 invitaciones, dos por cada uno de los 20 clubes de Primera División. Delmar viajó con Antonucci en representación de Gimnasia y durante el desarrollo del certamen ambos participaron activamente en todos los eventos protocolares de la delegación. Su rol y su cercanía a Grondona le sirvieron para establecer buenos contactos en el más alto nivel del plano internacional del fútbol. Solía comer con el plantel en el restaurante Mi Viejo, en el Distrito Federal, cuyo propietario era el exfutbolista platense Eduardo Cremasco, quien había jugado en el América y el Necaxa de ese país.

Hábil para las relaciones públicas, Delmar supo encontrar el momento para invitar al presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) João Havelange –a quien Grondona lo había presentado en uno de los tantos cócteles de aquellos días– a los festejos del centenario de Gimnasia al año siguiente. “Havelange le pidió a un secretario que lo anotara en una agenda”, recordó muchas veces Cacho, que además se esmeró en explicarle a la máxima autoridad del fútbol mundial que se trataba de la celebración del cumpleaños del club decano del fútbol argentino. Bastó aquella charla para que el dirigente brasileño comprendiera la relevancia del acontecimiento: “Cien años no se cumplen todos los días”, le contestó.

Otro encuentro providencial se produjo cuando Delmar y Antonucci procuraron hacerse una escapada en busca de relax entre un partido y otro. Siguiendo el consejo del vicepresidente primero de la AFA, Hugo Santilli, fueron al hotel y resort Las Brisas, en Acapulco, ciudad balnearia de la que Cacho recordaba una estadía en la década del 60 con su familia. El lugar estaba ubicado sobre una colina con vistas al océano Pacífico. Al asomarse al balcón vieron que en la habitación contigua se alojaba el entrenador cordobés Carlos Timoteo Griguol, con quien Cacho entabló una buena relación que iba a profundizar en la década del 90. Un rato después del encuentro casual de balcón a balcón, charlaron en el lobby del hotel.

–Me gustaría que alguna vez dirigieras a Gimnasia –soltó premonitoriamente Cacho en aquella oportunidad.

En el vuelo de regreso al país junto a la delegación, Delmar se dio el gusto de fotografiarse con el trofeo y apenas aterrizaron acompañó a los campeones hasta la Casa Rosada, donde los esperaba el presidente Alfonsín.

Ya de regreso en La Plata, Delmar recibió una carta proveniente de Zurich con la firma de Havelange: “Señor Héctor A. Delmar, Presidente del Club de Gimnasia y Esgrima La Plata. Guardaré como un momento muy agradable nuestro encuentro en México durante la Copa Mundial 86 y aprovecho para felicitarle por el gran éxito obtenido por la Selección de Argentina. Durante nuestro encuentro, Ud. tuvo la amabilidad de invitarme a las actividades del Centenario de su Club, que ocurrirá en 1987, y, en este sentido, le pido que desde ahora, si es posible, me diera a conocer la fecha exacta de dichas festividades así como el programa, a fin de que yo pueda reservar en mi calendario de desplazamientos como Presidente de la FIFA, una prioridad para ese momento tan importante como es el Centenario del club presidido por Ud.”, indicaba la misiva, fechada el 1° de septiembre de 1986.

La gestión en tierras aztecas, facilitada por Grondona, había dado frutos. El 6 de noviembre de ese mismo año Cacho se aseguró la reelección como presidente de Gimnasia.

Aquel 1987 también fue un año de crecimiento y expansión. Surgieron, entre otras, la filial Mar del Plata y, en la vecina ciudad de Berisso, la Agrupación Dale Lobo. Los fines de semana se agotaban las localidades para ir a escuchar al Polideportivo a los artistas más populares en shows que redituaron buenos ingresos para las arcas siempre necesitadas. Asimismo, se inauguró en la sede un nuevo gimnasio bautizado con el nombre “Centenario” y se pusieron en marcha una serie de actividades, como una maratón y una competencia de ciclismo. También se decidió confeccionar camisetas especiales para la fecha para venderlas, y se comercializaron como souvenirs trozos de viejos tablones en desuso del estadio que también se usaron para homenajear a glorias, ex deportistas y directivos. Fue un sello distintivo de la gestión Delmar.

Además, con el fin de cerrar las demandas pendientes que afrontaba la entidad y llegar al siglo de vida sin problemas judiciales, la CD puso a la venta –previa autorización de una asamblea extraordinaria– una fracción de 15 hectáreas de Estancia Chica que fue adquirida por la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense.

Ya cerca de la fecha, y atendiendo el planteo de algunos de sus miembros, la CD aceptó sumar a la celebración principal del centenario otros festejos de carácter más popular. Así se organizó “La Gimnasiada”, una movilización que, encabezada por Cacho junto a varios dirigentes y distintas personalidades ligadas al club, arrancó en Plaza Moreno y llegó a pie hasta el estadio del Bosque, donde hubo exhibiciones deportivas y, ya entrada la noche, fuegos artificiales.

Ya en la víspera del aniversario se realizó una vigilia multitudinaria en la sede. Cuando faltaban pocos minutos para la medianoche, mientras un gran reloj circular instalado en el parquet de la cancha de básquet llevaba una cuenta regresiva, Cacho tomó el micrófono y arengó: "¡Gimnasia va a librar batalla en todos los campos con pasión gimnasista! ¡Todos tenemos que cuidar a Gimnasia, a la institución decana del fútbol argentino! ¡A partir de estos momentos vamos a dar el ejemplo y vamos a hacer que la familia esté cada día más unida!". Entonces la orquesta de la Agrupación Sinfónica de la Policía de la provincia de Buenos Aires entonó, con bombos, trompetas y platillos, la melodía del feliz cumpleaños y las estrofas del himno mens sana en medio de una emoción desbordante.

El broche de oro fue la gala que se llevó a cabo el miércoles 3 de junio en la nave central del Pasaje Dardo Rocha. El decorado montado para la fiesta reservó la centralidad a la mesa que, encabezada por el gran anfitrión y su esposa, reunió a los popes del fútbol mundial: el titular FIFA, João Havelange; el presidente de la AFA, Julio Grondona, y el titular de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), Nicolás Leoz. Junto a ellos estuvieron el gobernador Armendáriz, el intendente Albertí y el arzobispo de La Plata, Antonio Quarracino. Completó el cuadro, en representación del presidente Alfonsín, su hermano Fernando Alfonsín, que por entonces era uno de los principales responsables del Programa Alimentario Nacional (PAN) con el que el gobierno intentaba paliar las profundas dificultades económicas que atravesaba buena parte de la población.

En 160 mesas redondas se distribuyeron funcionarios del Ejecutivo bonaerense, incluido el gabinete casi completo; el jefe de Policía, comisario general Wilfredo Aquilano, y el presidente del Banco Provincia, Aldo Ferrer. También había referentes eclesiásticos, jueces de la Suprema Corte de Justicia provincial, intendentes y funcionarios de varias comunas vecinas, legisladores, dirigentes políticos, empresarios y representantes de entidades intermedias, así como profesionales, deportistas y miembros de las filiales gimnasistas y de otros clubes afiliados a la AFA, con el acompañamiento de un miembro de la CD tripera en cada mesa.

Por supuesto, también asistieron los miembros del comité ejecutivo de la AFA, autoridades de la Asociación de Árbitros y de Futbolistas Argentinos Agremiados, así como los ex presidentes de Gimnasia Carlos César Tejo, Osvaldo Soria, Laureano Durán, Oscar Venturino, Norberto Sánchez, Jorge Tittarelli, Hugo Barros Schelotto y Alejandro Breccia. Entre los invitados especiales se encontraba el titular de Aerolíneas Argentinas, Horacio Domingorena; los periodistas deportivos Aldo Proietto, Ernesto Cherquis Bialo y Marcelo Araujo, el exárbitro Guillermo Nimo y el director del diario El Día, Raúl Kraiselburd; así como el presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas platense, José María Prado, y los directivos de Estudiantes Raúl Correbo y Nelsón Oltolina, junto a numerosos empresarios de la ciudad.

Antes de que se iniciara la fiesta, Havelange ofreció una conferencia de prensa en la que destacó el carácter excepcional de su presencia: “Es el primer festejo de un club al que asisto, y lo hago por una atención muy especial al presidente Julio Grondona y al señor Héctor Delmar, que me invitó en oportunidad de la Copa del Mundo en México”, indicó. Luego, un grupo de jovencitas, hijas de los dirigentes del club, se encargaron de recibir a los 1300 invitados y acompañarlos hasta sus ubicaciones. Las recepcionistas llevaban vestidos blancos y moños azules en la cintura diseñados por Casa Delmar.

Atento a todos los pormenores, Cacho había conseguido también que su viejo conocido Fernando Bravo tuviera a cargo la conducción del evento y que su esposa, Silvana Di Lorenzo, fuera el principal número musical. El servicio gastronómico quedó en manos de la empresa Ochoa Hermanos, una de las más renombradas firmas del rubro en Buenos Aires. La torta, que pesaba 105 kilos y, como no podía ser de otro modo, estaba coronada con una pelota de fútbol, era tan voluminosa que la tuvieron que trasladar entre siete empleados y terminar de decorarla en el interior del Pasaje.

Durante la cena hubo sorteos valiosos, entre ellos varios pasajes de ida y vuelta a España que Delmar gestionó a través de Aerolíneas Argentinas. A lo largo de la velada se escucharon aplausos cada vez que se nombraba a alguna gloria del fútbol mens sana, como Francisco Varallo, Oscar Montañez, Manuel Miranda, Diego Bayo o Arturo Naón. Cacho se mostró emocionado hasta las lágrimas cuando, para su propia sorpresa, fue convocado al escenario para recibir una de las siete medallas doradas confeccionadas especialmente para la ocasión. Las otras fueron para Havelange, Grondona, Leoz, Armendáriz y Albertí; mientras que la restante había sido entregada a Raúl Alfonsín en la Casa Rosada.

Al cabo de los himnos Nacional y de Gimnasia, llegó el momento de los discursos de Grondona, Havelange y Delmar.

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