La otra cara del 7 a 0

Estudiantes disfrutó de aquella goleada, pero en el último tiempo tuvo otro significado que no trajo sonrisa alguna

El Editor Platense | Fernanda Verdeslago Wozniak
Por Fernanda Verdeslago Wozniak
6 de marzo de 2023 - 23:15

Decir 7-0 en Estudiantes significa una de las victorias más importantes en la historia -del club y en nuestro fútbol-, que además ayudó a ganar el primer campeonato del Siglo XXI. Cualquiera piensa en hechos positivos, en jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y más.

Estudiantes disfrutaba del 7-0, con sus banderas, cánticos y demás. Hasta que aquel 7-0 empiece a tener otro significado, y lo tuvo. Si bien el partido del 2006 no se toca, este 7-0 se traslada a partidos con ningún resultado positivo posible.

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Aquellas grandes goleadas tenían atrás un equipo que correspondía, unido y estaba a la altura, ya que no solo el de 2006 salió campeón ganando la final ante Boca. Las goleadas 6-1, que fueron tres, se dieron en 1932 con los profesores, 1948 (la última gran campaña antes de 1967) y 1968, con los campeones del mundo.

Hoy y en analogía, el 7-0 está puesto por la cantidad de partidos y los nulos resultados que llevó ese proceso. Si bien hubo triunfos, poco dejó en la tribuna, donde los cánticos, silbidos y hasta críticas fueron en demasía por encima de aplausos o hasta el mero festejo de goles.

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Abel Balbo no está, Balbo se fue tras siete partidos. Balbo llegó con una gran espalda, y bien estaba. Con Central Córdoba de Santiago del Estero logró más de lo esperado, salvándolo del descenso y haciéndole partido a rivales duros. Su sapiencia se destacaba con su vocablo futbolero que utilizaba y la experiencia por haber jugado la trasladaba en la faz ofensiva. Los medios, la dirigencia y sus dichos dieron a entender que era la mejor forma de dejar atrás el ciclo Zielinski para luchar en la triple competencia.

Estudiantes, si bien estaba lejos de esos momentos dorados y mucho más de aquel 7-0, tenía la vuelta de referentes y la posibilidad de poner en claro en cancha al Estudiantes que la hinchada esperaba. En la ciudad mucho se habló previamente, y menos no se podía hacer. Había un sistema italiano, quizás parecido al catenaccio, con nombres como Sosa, Piatti, Carrillo y Ascacibar que volvieron. Sumados a Andújar y Boselli, la ilusión estaba.

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Las banderas y recuerdos empezaron a quedar de lado: Estudiantes no era el Estudiantes que se pensaba, pero tampoco se le dio tiempo. Tampoco se trasladó hacia aquel idioma que traía, porque sus conferencias daban más incógnitas que certezas. Y quizás faltó eso, porque para construir aquellas grandes victorias históricas hubo tiempo de trabajo atrás. Hoy, los tiempos son otros y aquellos 7-0 de alegrías se transformaron, con gran distancia, en números que no traen sonrisas.

Y no fue el primer 7-0: Gustavo Cristian Matosas Paidón llegaba para junio de 2017 al Country Club de City Bell. Firmaba por un año y traía una impronta particular: con su diccionario bajo el brazo, atrapaba más su forma de vestir que el juego. Y así fue, mucho bla bla y poco taca taca (ya que el tiki tiki acá no va).

Matosas duró siete partidos, ganando tres, perdiendo la misma cantidad y empatando uno. Quedó afuera de la Copa Sudamericana contra Nacional, y lo mejor que dejó fue su aroma y la pilcha. Impecable.

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Aquel entrenador fue uno más de la lista entre Verón presidente y Gorostegui como máximo dirigente. Fue quien reemplazó a Nardi, quien no llegó a debutar, era hombre de la casa pero por un par de tuits quedó fuera de todo. Nadie sabría que hubiera pasado. Pero sí qué pasó: a Matosas lo reemplazó Bernardi, con malos recuerdos también. Siguió Milito, entre amor y odio, entendido y poco entendido, lo extrañan de vez en cuando. El Chavo Desábato tuvo su oportunidad como también Leandro Benítez, hombres que dentro de la cancha dieron y ganaron todo, pero fuera no tuvieron comodidad. Hasta Zielinski, que parecía alguien hecho para el club, con pelea de título y de buen paso por Libertadores. Sin embargo, se desgastó y se dio su salida de manera incómoda y con diferencias dentro.

Y cuando se pensaba que no habría otro entrenador que durara siete partidos en el tan importante banco de Estudiantes, llegó el tan mencionado Balbo. Quizás no era su momento, quizás no era el hombre esperado. Puede ser que demostró poco por fuera para estar en La Plata, o no se lo entendió. El conflicto con los referentes haya sido lo que determinó su futuro. Lo que sí quedó claro es que este tipo de 7-0 no será recordado en Estudiantes, aunque deja marcas que rápidamente intentarán llenar de buenos resultados.

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Hoy es Eduardo Domínguez (que justamente enfrentó siete veces a Estudiantes; cuatro victorias y una sola derrota). Pero habrá que sentarse, analizar, pensar qué no y entender por qué hubo poca paciencia para estos dos casos. ¿Resultados? ¿Poca confianza? ¿No era el indicado y se apostó como solución rápida? Estudiantes tiene la ventaja de múltiple competencia y jugadores que saben lo que lograr un 7-0... pero ahora quedará ver cómo la aprovechan.

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