En diciembre de 2017, la Policía detuvo a un delincuente luego de haber intentado asaltar a una mujer de 25 años en la puerta de su casa, en el barrio de Mataderos, utilizando una pistola calibre 6.25. Era buscado desde marzo de aquel año. “En el año 2017 decidí salir a robar. Antes me habían pasado muchas cosas como el fallecimiento de mi papá, me separé de mi pareja, pasé a vivir en un hotel, me chocó un camión la camioneta con la que trabajaba en un frigorífico en Mataderos. Yo antes no había robado ni un caramelo y es el día de hoy que no entiendo lo que hice”. Esas fueron las palabras de Marcelo Couceiro ni bien salía de la cárcel, en mayo pasado, y quien fuera, en los 90', jugador de Estudiantes de La Plata.
“Lo decidí yo, no voy a responsabilizar a nadie. Yo fui solo con un auto, hice una serie de robos a unos comercios hasta que me detienen, pero de todo esto estoy totalmente arrepentido y le quiero pedir perdón a toda la gente a la que le hice daño”, expresó meses atrás, cuando a mitad del año pasado salió de prisión tras cumplir la condena. El 11 de septiembre cumplió 49 años, y 27 atrás hizo historia con la camiseta del León.
Aquel volante izquierdo que desde los 16 ya jugaba en la Primera de Nueva Chicago pasó a préstamo con opción de compra, en 1995, al Pincha. "En mayo de 1996, fue el centro que hizo historia, pero tomaron la decisión de no renovar el contrato y volví a Chicago". Ahí, Couceiro se refiere al famoso tiro de esquina en cancha de Racing que termina en gol de cabeza de Chiquito Bossio. Sí, él fue quien dio esa asistencia para un gol histórico del León.
"Me agarró sin experiencia, lamento no haber aprovechado bien esa oportunidad. Yo tenía todo en ese momento. Me habían dado un departamento para mí solo con tres habitaciones en La Plata. Pero como yo extrañaba, me volvía todos los días. Viajaba mucho y al otro día me tenía que levantar a las seis para el entrenamiento. Así y todo, no faltaba nunca", le contestaba a La Nación.
¿Cómo fue estar preso y con políticos?
“Me encerraron los de la Comisaría 42 y ahí empezó el calvario. Primero fui a Tribunales, estaba en un lugar muy feo, en un subsuelo al que se le dice ‘leonera’. Es para unas 10 personas y a veces había 30. Dormís en el piso o donde podés, donde hay un lugarcito o a veces ni dormís. Ahí te tienen una semanita hasta que te trasladan a un penal. Yo nunca había entrado a una cárcel, ni siquiera a una comisaría”, declaraba meses atrás.
“Yo no la pasé mal en Ezeiza, estaba en el pabellón de los presos que venían de la política como Ricardo Jaime, José López, Lázaro Báez... Eran 12 celdas, teníamos una relación muy buena. La vida privada de ellos era muy privada, eran muy reservados. Ellos me preguntaban más a mí sobre el fútbol que yo a ellos″, siguió.
La peor etapa. “Después de Marcos Paz pasé a un módulo y vi cosas feísimas. Gracias a Dios nunca me pasó nada, pero vi cosas muy pesadas. Había internos de la contra de los equipos donde yo jugué, pero no me pasó nada, incluso no entendían por qué yo estaba ahí y me preguntaban”. “Quiero pedirle perdón a la gente a la que le robé, pero yo no les hice daño, yo sabía que no les iba a hacer daño porque salía con un arma sin balas”, soslayó, tiempo atrás, arrepintiéndose de lo sucedido.
Libertad
"A la primera persona que llamé cuando me dieron la libertad fue a mi hijo. En realidad lo quise llamar cuando me bajé en Liniers y buscaba un teléfono público pero me dijeron que ya no había, que no existían más. Yo no entendía nada...No tenía celular”, contó, siendo que eso fue hace poco más de un año, en mayo de 2022.
Para reinsertarse, primero logró trabajo en una empresa de productos químicos gracias a la recomendación del campeón del mundo Héctor Enrique, quien fuera su entrenador junto al recordado Tata Brown en Almagro para la Primera División 2005. El exjugador que pasó por Estudiantes, Chicago y Quilmes, entre otros, goza de la libertad asistida y actualmente, según cuenta en su perfil de Facebook, está trabajando en el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
Fotos: La Nación