Estudiantes perdió la categoría en el fútbol femenino, luego de una dolorosa derrota contra River en el Country Club: 0-4, y a falta de solo tres fechas para el cierre del torneo. Sin chances de alcanzar puestos de permanencia, el Pincha jugará por primera vez en la 'B' luego de 25 años ininterrumpidos en la máxima división.
Aunque se abrió el estadio UNO para partidos, hay mucho esfuerzo de cada una de estas jugadoras -y las que pasaron- que no se ve: trabajan y/o estudian a la par, realizan rifas, y pese a representar al club reciben críticas sin conocimiento de causa. Villa San Carlos, por ejemplo, de ser el ‘clásico’ ante la falta de Gimnasia pasó a ya ni tener la disciplina en AFA. Estudiantes lucha por no quedar en el olvido, y volver a lo grande, como lo que es.
¿Casualidad o causalidad? Desde que el femenino concretó su lucha y pasó a ser semiprofesional, Estudiantes no solo pasó a tener varios entrenadores sino también mostró no tener un proyecto claro desde la comisión directiva. Pese a toda la garra de las jugadoras que pasaron, la coordinación de Bettina Stagñares y los cuerpos técnicos que estuvieron -hoy Roxana Vallejos, tras Pastor, Pérez, Añón y Giugno-, hubo clara diferencia con el trato en otros equipos y más todavía con lo que significa Estudiantes en el país.
Desde el semi-profesionalismo, pasaron 83 partidos para el club: 22 triunfos, 19 empates y 42 derrotas (25 en cuatro años y 17 en este 2023). Racing, Gimnasia y Rosario Central, que pusieron el foco hace solo cinco años, ya lograron mejores campañas. Si bien hay amplia diferencia con UAI, Boca, River y San Lorenzo, la clarísima falta de atención ante el legado logrado en dos décadas culminó en este final.
Formación de juveniles y escuelita de manera intermitente y planteles en los cuales varias de la Reserva tuvieron que asumir la responsabilidad, para un club que hasta antes de los contratos siempre estaba entre los cinco o seis de arriba (subcampeonato en 2011, por ejemplo).
Ahora Estudiantes dejará de pagar contratos, algo que era entendido como gasto para la comisión directiva pese a los bajísimos valores. Un golpe profundo no solo para quienes pusieron la cara sino para aquellas que crecen, que sueñan con representar al equipo en años: bajar de categoría implica menos visualización, ingresos, competir ante otros rivales, más viajes, y quizás salida de jugadoras de renombre.
Pese a todo lo malo, lo positivo es que sí o sí Estudiantes deberá enfocarse en el femenino para que vuelva a su lugar. Un golpe durísimo pero hará entender a los hombres de traje que por algo el Pincha se había ganado un lugar entre los mejores del país.