El legado del doctor René Favaloro, quien revolucionó la cirugía cardiovascular con el bypass coronario, se vio dramáticamente interrumpido un 29 de julio del 2000, cuando decidió quitarse la vida de un disparo en el pecho en su departamento del barrio de Barrio Parque, en Buenos Aires.
Aquellas fueron horas profundamente planificadas. El cirujano se bañó, se afeitó, vistió pijama y pantuflas, y dejó siete sobres sobre la mesa del comedor con cartas dirigidas a distintos destinatarios: autoridades, familiares, colaboradores y su novia, Diana Truden. En el baño, colocó tres carteles en el espejo, uno dirigido “A las autoridades competentes”. Luego empuñó un revólver y se disparó en el centro del corazón.
René Favaloro, a 25 años de su partida
En sus cartas, Favaloro expuso su hartazgo por la situación financiera insostenible de la Fundación Favaloro, que enfrentaba deudas millonarias (entre 40 y 50 millones de pesos) y créditos impagos por parte de organismos como el PAMI e IOMA, que no respondían sus reclamos desde mediados de los 90'. Además, denunció la corrupción institucionalizada y el sistema de retornos conocido como “AnaAna”, al que su clínica se negó a someterse.
“No ha sido una decisión fácil pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano”, escribió.
“Ser honesto en esta sociedad corrupta tiene su precio, te lo hacen pagar”. “Ser honesto en esta sociedad corrupta tiene su precio, te lo hacen pagar”.
En otros pasajes, dio instrucciones detalladas sobre su cuerpo: solicitó ser cremado de inmediato y pidió que sus cenizas fueran esparcidas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, el pueblo pampeano donde comenzó su carrera como médico rural. Su decisión fue el resultado de una reflexión consciente sobre la imposibilidad de sostener su obra en la salud bajo presión, sin renunciar a sus principios éticos.