Fenómeno.

Advierten por el avance de la isla térmica en La Plata: de qué se trata y cómo afecta a los barrios

La UNLP alertó sobre el avance del fenómeno de isla de calor en La Plata, que aumenta las temperaturas locales y exige nuevas estrategias de planificación

2 de septiembre de 2025 - 09:52

La expansión urbana de la ciudad de La Plata comienza a dejar una huella térmica cada vez más visible. Investigaciones recientes realizadas por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) confirman la creciente presencia del fenómeno conocido como isla de calor urbana, que enciende alarmas entre los expertos.

Aunque suele confundirse con el calentamiento global, el fenómeno responde a una dinámica local. Sin embargo, comparte con éste las consecuencias ambientales y sociales de consideración: aumento del consumo energético, impactos sobre la salud pública y deterioro del ambiente urbano.

El informe de la UNLP

Un reciente estudio dirigido por la geógrafa María Inés Botana, desde el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP, analiza el comportamiento térmico del partido de La Plata a partir de imágenes satelitales Landsat (Colección 2, Earth Explorer). El trabajo confirma que las temperaturas superficiales en zonas urbanizadas superan con amplitud a las que se registran en sectores rurales, marcando una diferencia de entre 5 y 10 °C.

“La disparidad de los microclimas urbanos difiere de acuerdo a las características de las ciudades y la influencia de la radiación total sobre las edificaciones, según su configuración espacial y los materiales utilizados. Este señalamiento refuerza la necesidad de comprender el fenómeno como producto de decisiones territoriales y de planificación”, advierte Botana.

El Gran La Plata (La Plata, Berisso y Ensenada) constituye el segundo centro metropolitano del país después de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con una superficie de 307.571 km², esta conurbación aloja al 1,6 % de la población nacional y concentra una intensa actividad hortiflorícola, industrial y de servicios, con una fuerte movilidad de bienes, personas e información. Este entramado urbano ha dado lugar a profundas transformaciones en el uso del suelo y en las condiciones microclimáticas locales.

El efecto dentro de La Plata

Los resultados obtenidos por el equipo de la UNLP permiten trazar un patrón térmico desigual dentro del partido de La Plata. A partir de un eje norte-sur marcado por la calle 138, se observa que las localidades del norte -como Gonnet, Gorina, City Bell, Villa Elisa y Arturo Seguí- presentan una estructura urbana más compacta, con centros comerciales de veredas angostas y escaso arbolado. Esta configuración favorece la acumulación de calor, en contraste con sectores residenciales con jardines y vegetación más desarrollada.

El sur del partido, en cambio, exhibe una mayor heterogeneidad: allí conviven cavas, canteras, urbanizaciones cerradas y explotaciones hortícolas bajo cubierta. Esta diversidad territorial se traduce también en una mayor variabilidad térmica, con zonas de vegetación más densa que registran temperaturas más bajas.Uno de los aspectos más destacados del estudio es la correlación entre la temperatura superficial y el índice de vegetación NDVI (Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada).

Los barrios más afectados

De acuerdo con los registros, las máximas térmicas se concentran en los núcleos comerciales de City Bell, Gorina y Arturo Seguí, donde el índice de vegetación es marcadamente bajo. En contrapartida, las áreas hortícolas y los clubes de campo -con una importante cobertura vegetal- exhiben temperaturas más moderadas, confirmando el rol amortiguador del verde urbano.

“Este análisis permite concluir que el fenómeno de isla de calor constituye una problemática significativa en el área urbana de La Plata y requiere ser incorporado en las políticas de ordenamiento territorial. Conocer y comprender el funcionamiento de los ecosistemas urbanos resulta indispensable para diseñar estrategias de gestión que promuevan ciudades más sustentables y resilientes. La investigación reafirma, en última instancia, la necesidad de articular ciencia y política: sólo así será posible construir espacios habitables que armonicen desarrollo urbano y equilibrio ambiental”, concluye Botana.

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