"Cascote" Bértola.

El platense secuestrado por Israel habló tras su liberación

Tras llegar a La Plata, Carlos "Cascote" Bértola habló sobre la detención en Israel y cómo fueron los días en la prisión

12 de octubre de 2025 - 11:30

Carlos “Cascote” Bértola regresó este jueves a La Plata tras pasar más de seis días detenido en una prisión de Israel. Fue capturado mientras participaba de la Flotilla Global Libertad, una iniciativa internacional para prestar ayuda humanitaria en Franja de Gaza.

La flotilla fue interceptada por la Marina israelí en aguas internacionales, a unos 70 kilómetros de la costa de Gaza. Bértola fue trasladado a un centro penitenciario en pleno desierto del Néguev, donde permaneció incomunicado durante varios días. Su liberación se produjo el 7 de septiembre, tras gestiones diplomáticas y reclamos de entidades humanitarias.

“Mientras estábamos fondeados en aguas territoriales tunecinas, cayó un dron incendiario sobre uno de los botes, al que estábamos atados. Cayó a dos metros del tanque de gasoil. Si impactaba directo, nos hundía. Fue claramente un ataque intimidatorio”, comentó Bértola sobre el inicio de la tensión durante la navegación tras partir desde España rumbo a Gaza.

Nuevamente, recordó, los ataques continuaron entre Sicilia y Grecia con el ataque de más de una decena de drones explosivos. A partir de ese episodio, los gobiernos de España, Grecia y Turquía enviaron barcos militares para escoltar la flotilla.

La intercepción de Israel

Según relató Bértola, el abordaje israelí comenzó alrededor de las 11 de la noche y se extendió durante varias horas. "Nosotros fuimos de los últimos: nos tomaron a las 4 de la mañana", explicó, al detallar que el incidente ocurrió aún en aguas internacionales, a unas 40 millas de la costa de Gaza.

La operación incluyó el uso de barcos inhibidores de señal, lo que provocó la interrupción de las transmisiones en vivo. También mencionó que los primeros en aparecer fueron buques militares que les cortaban la proa y amenazaban con chocar, seguidos de lanchas rápidas que los encandilaban con reflectores y les arrojaban agua para forzarlos a desviar el rumbo.

Finalmente, se desplegó infantería de marina, con soldados que abordaban los barcos desde lanchas portando fusiles. “Ahí se terminaba todo”, aseguró, señalando que los trataron como si fueran terroristas, a pesar de que se trataba de una flotilla civil que transportaba únicamente comida y medicinas. “Rompieron cámaras y equipos”, denunció, y calificó el operativo como una acción de guerra contra embarcaciones humanitarias.

La prisión desértica

Los detenidos fueron trasladados al penal de Ktzi’ot, descrito como “la cárcel más grande y aislada que tiene Israel”. Según el relato del activista platense, el lugar estaba completamente vacío, preparado especialmente para recibirlos. Las celdas, diseñadas para ocho personas, eran ocupadas por quince, y los internos eran trasladados constantemente de una celda a otra, vaciando la anterior solo para causar maltrato psicológico.

Dos días no nos dieron comida. No nos dejaban bañarnos ni salir al patio”, denunció. En su caso particular, relató que le retiraron la medicación y, al reclamarla, un guardia le arrojó las pastillas en la cara mientras le decía: “Culpá a los que te trajeron acá”.

Además, aseguró que los organizadores principales de la misión humanitaria fueron objeto de abusos aún más graves. “Los hicieron caminar por el desierto de noche” y, en un acto de brutal intimidación, les realizaron simulacros de fusilamiento.

Por último, calificó todo el proceso no como una detención legal, sino como un secuestro: “No habíamos violado ninguna ley: íbamos a las aguas territoriales de Gaza, que el mundo reconoce como Estado”.

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