“Fue siniestro hasta en su nombre, La Cacha; impuesto en honor a la bruja Cachavacha. Pero acá no había ninguna varita mágica y ningún cuento, acá torturaron y desaparecieron a gente de carne y hueso”. En el corazón de Lisandro Olmos funcionó uno de los centros clandestinos de detención más sofisticados y macabros de la Argentina que formó parte del Circuito Camps durante la última dictadura y por el que pasaron más de 250 víctimas. Hoy, funciona allí un centro para la memoria que refleja la época más oscura del país.
‘La Cacha" se construyó en 1976 en los terrenos del Servicio Penitenciario bonaerense que forman un rectángulo entre avenida 197 y ruta 36, y de calle 47 a calle 52; detrás de la Cárcel de Encausados y a metros de la Cárcel de Mujeres. El ex CCD funcionó como un punto neurálgico del Circuito Camps, al ser uno de los únicos lugares donde se combinó el macabro accionar del Ejército, la Marina, agentes penitenciarios bonaerenses y civiles que actuaban de espías.
A través del relato de una sobreviviente platense, reconstruiremos cada rincón del terrorífico sitio que funcionó en el predio de la Unidad Penitenciaria 1. Por ‘La Cacha’ pasaron cientos de hombres y mujeres (muchas de ellas embarazadas) de La Plata, Berisso y Ensenada, que eran secuestrados y trasladados al oeste de la ciudad de La Plata. Esta operación solía hacerse de noche y estaba a cargo de grupo de tareas integrado por la Policía Bonaerense y fuerzas del SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército).
'La Cacha' en primera persona
El 3 de mayo de 1978, la platense María Laura Bretal fue secuestrada con su hija de 3 años y embarazada de 4 meses. La interceptaron en Ensenada, la encapucharon y la subieron a uno de los autos con el que atravesaron toda la ciudad de La Plata hasta llegar a Olmos.
Sin destaparle el rostro, la violentaron y dejaron una semana en una habitación que llamaban el “laboratorio”, donde se aplicaban los más sofisticados e inhumanos métodos de tortura.
“Había una cama con bastidor elástico de metal, una mesa, una silla, un balde para las necesidades, un tablero , una mesa para la "picana eléctrica", ganchos y sogas para colgar personas en las paredes, sangre en las paredes y otros elementos de tortura que no identifique”, relató María Laura ante la Justicia.
Después del horror, seguía más horror. Tras abandonar el “Laboratorio”, las víctimas eran trasladadas al edificio central de 'La Cacha' que estaba a unos metros y en donde, previamente, había funcionado una estación repetidora de Radio Provincia.
El sitio estaba separado en tres ambientes: planta baja, planta alta y sótano. Allí, muchos jóvenes pasaron más de 100 días en cautiverio, atados con cadenas, desnudos y encapuchados, en condiciones completamente inhumanas.
La Cacha era por la Cachavacha, la bruja que hacía desaparecer a los niños La Cacha era por la Cachavacha, la bruja que hacía desaparecer a los niños
“Sólo nos levantaban dos veces al día para hace nuestras necesidades. El baño semanal era a puertas abiertas y con agua fría, cosa que permitía a los guardias abusar de las mujeres. Algunas noches eramos llevados afuera a interrogatorios y simulacros de fusilamientos”, comentó. Maria Laura fue liberada el 22 de agosto de 1978.
El cuentito de la bruja Cachavacha
“La Cacha era por la Cachavacha, la bruja que hacía desaparecer a los niños. A las embarazadas nos decían: ‘Ahora le vas a contar el cuentito de la Cachavacha cuando tengas a tu hijo’”, confesó María Laura Bretal.
A las mujeres embarazadas las llevaban a un espacio especial. Allí conoció a Laura Carlotto, la hija de Estela, a quien acompañó hasta que fue trasladada a un hospital militar para dar a luz a su hijo Guido y días después asesinada en La Cacha. Guido es el nieto recuperado número 114. En agosto de 2014, el hombre de -entonces- 36 años logró recuperar su identidad y conocer a su abuela Estela. Sí, días antes de que la Justicia condene a los represores de La Cacha.
Espacio para la Memoria
En 1981 los genocidas intentaron borrar cualquier rastro del terrorismo que reinó por más de dos años en el Olmos y derrumbaron todas las construcciones, dejando solo las bases. Años después, el Estado bonaerense comenzó un proceso de reconstrucción donde intervinieron equipos interdisciplinarios para comenzar a construir un nuevo Sitio de la Memoria.
Hace poco menos de un año, el Gobierno bonaerense inauguró un espacio para la memoria y la promoción de los derechos humanos donde funcionó el centro clandestino de detención. “Este espacio de memoria requirió un trabajo arqueológico muy importante, ya que gran parte de este ex centro clandestino de detención había sido demolido para esconder los crímenes que se llevaron a cabo en él”, esgrimió entonces el gobernador Axel Kicillof.
“La idea de los genocidas fue asesinar y ocultar los restos: hubo un pacto de silencio para desaparecer también las pruebas y la historia”, agregó el funcionario. La inauguración se llevó a cabo en cumplimiento de la Ley Provincial N°13.584, que establece la necesidad de preservar los sitios que funcionaron como centros clandestinos durante la última dictadura.
Megajuicio 'La Cacha'
En septiembre de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de La Plata condenó a quince represores a prisión perpetua, otros tres a 13 años de cárcel y uno a 12 años por delitos de “privación ilegal de la libertad, homicidios, tormentos y sustracción, retención y ocultamiento de niños”.
Los 15 condenados a prisión perpetua fueron: el ex jefe de Inteligencia del Servicio Penitenciario Bonaerense, Isaac Crespín Miranda; el ex agente penitenciario Raúl "el Oso" Acuña; el ex ministro de Gobierno bonaerense Jaime Lamont Smart; el ex director general de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz; el ex jefe de la Unidad Regional La Plata, Horacio Elizardo Luján; y el jefe del Servicio de Calle de esa repartición, Julio César Garachico.
Además, la Justicia pidió que se convierta a ‘La Cacha’ como Sitio de la Memoria, se suspenda la jubilación, pensión o retiro a los condenados; como así también se les de la exoneración.
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