Una nueva investigación sugiere que los seres humanos vivieron en Sudamérica al mismo tiempo que los perezosos gigantes, ahora extintos, lo que refuerza las pruebas de que el hombre llegó a América antes de lo que se pensaba.
Los científicos analizaron colgantes triangulares y en forma de lágrima fabricados con material óseo de los perezosos. Llegaron a la conclusión de que las formas talladas y pulidas y los agujeros perforados eran obra de una artesanía deliberada. “Creemos que eran objetos personales, posiblemente para adorno personal”, sostuvieron.
Las pruebas obtenidas en múltiples yacimientos obligan a los científicos a replantearse las viejas suposiciones de que los pueblos llegaron solo en una gran oleada migratoria a través del puente terrestre de Bering, antes de que la subida del nivel del mar cubriera el puente terrestre entre Rusia y Alaska, hace unos 15.000 años.
La datación de los adornos y los sedimentos del yacimiento brasileño donde se hallaron apunta a una antigüedad de entre 25.000 y 27.000 años, informaron los investigadores. Es decir, varios miles de años antes de que algunas teorías anteriores sugirieran la llegada de los primeros pobladores a América, tras emigrar de África y luego de Eurasia.
Hace dos años, otro equipo de investigadores informó de que unas huellas humanas fosilizadas halladas cerca de White Sands (Nuevo México) databan de hace entre 21.000 y 23.000 años, aunque algunos investigadores cuestionan estas fechas. Otras pruebas procedentes de México sugieren la presencia humana hace unos 26.000 años, y los hallazgos de Uruguay podrían indicar una ocupación humana hace 30.000 años.
"Ahora tenemos pruebas fehacientes –junto con otros yacimientos de América del Sur y del Norte– de que tenemos que replantearnos nuestras ideas sobre la migración de los humanos a América", afirmó Mirian Liza Alves Forancelli Pacheco, coautora del estudio y arqueóloga de la Universidad Federal de São Carlos (Brasil).
Los perezosos terrestres gigantes medían entre 3 a 4 metros de largo y generalmente caminaban sobre sus cuatro patas, usando sus afiladas garras para cavar madrigueras. Pesaban más de 450 kilos y su piel incluía estructuras óseas debajo de su pelaje, algo similar a las placas óseas de los armadillos modernos.