La Plata fue diseñada como utopía urbana en el siglo XIX. Hoy carga con el peso de esa promesa. Tiene universidades de excelencia, instituciones científicas, historia y cultura. Sin embargo, su presente está desconectado del futuro que supo prometer. Retomar las ideas fundacionales implica, necesariamente, reconciliarnos con la historia y valorar nuestro patrimonio, mientras en paralelo retomamos el arrojo al futuro. Más claro: para pensar La Plata del 2025, tengo que mirar a La Plata del 2100. Ser capaces de plantar un árbol de cuya sombra no vamos a gozar.
Evocar a Benoit no implica mostrar la foto sepia. Homenajearlo es tratar de, sin profanar su legado, hacer el ejercicio de ponernos en sus zapatos, de emular aquello que él hubiese dicho, dibujado, bosquejado en este siglo XXI, soñando con el siglo XXII. De aquella irreverencia fundacional se explica una Universidad cuyo propósito era la producción (en disputa con el modelo Córdoba o Buenos Aires, orientadas a la formación de cuadros para el Estado); el Museo de Ciencias Naturales (con los aportes de Francisco Pascasio Moreno y de Florentino Ameghino); nuestros Cinco Sabios; o la presencia de Joaquín Víctor González.
No es nostalgia. Es una necesidad. La Plata tiene las condiciones para ser una ciudad en estado beta. Un territorio que se permita ensayar, corregir, innovar. Que vuelva a ser laboratorio de lo posible. De La Plata para el mundo. Imán de inversiones, incubadora de desarrollo y potenciadora de talento.
El presente
Un reciente informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, dirigido por Agustín Lodola (referencia obligatoria para pensar desarrollo en nuestra ciudad), nos muestra la realidad en términos de empleo en nuestra ciudad. Así, los rubros que más impactan en el empleo son, en orden decreciente, los siguientes: comercio (cercano al 20 %), administración pública (12 %), construcción (9 %) y salud (8 %). A ellos los siguen el trabajo en casas particulares, la industria manufacturera, hoteles y restaurantes, actividades culturales, entre otras.
Por su parte, la informalidad (37 %) y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios terminan de explicar un círculo vicioso que genera desincentivos y espiraliza la caída de la actividad económica. El diagnóstico es crítico, pero es también una oportunidad. Es claro que las políticas nacionales impactan en forma negativa en las dinámicas urbanas. Es igualmente cierto que un diseño productivo adecuado puede maximizar nuestras oportunidades.
Todo lo que hemos expuesto se da en un contexto de transición global (cuarta revolución industrial). Imaginemos que escribo estas líneas mientras se está dando el Hot Sale 2025 (comercio electrónico) y consigno que el comercio es locomotora del empleo en la región. Crónica de una muerte anunciada.
La Plata aparece como una ciudad universitaria que no logra traducir su capital formativo en dinamismo productivo. Se especializa en formar perfiles altamente calificados que muchas veces se van, se frustran o terminan trabajando en sectores que no ponen en valor ese conocimiento. Hay una brecha entre lo que la ciudad produce en saberes y lo que puede absorber en oportunidades.
Los datos también revelan otro aspecto: la matriz económica local está concentrada en sectores de baja productividad, con escasa incorporación de tecnología y una altísima dependencia del empleo estatal o de servicios esenciales. La Plata no genera una nueva economía. No está actualizando su arquitectura productiva.
Actualizar el sistema: una ventana al futuro
Como plantea Alejandro Galiano, toda tecnología tiene su hardware (lo visible, lo físico) y su software (las lógicas, los códigos, las expectativas). Las ciudades también. La Plata tiene el hardware: universidades, hospitales, centros de investigación, edificios públicos. El software urbano, sin embargo, está desactualizado. Las lógicas que organizan el trabajo, la movilidad, la producción y la participación están obsoletas.
No alcanza con reciclar lo que ya no funciona. Hay que repensar el sistema. No como un plan maestro, sino como una actualización constante, una ciudad en estado beta que se anime a ensayar el futuro. En un contexto de fuerte desinversión en obra pública promovido por el Estado Nacional, es central poner en movimiento las fuerzas vivas.
El “saber” es el petróleo de la cuarta revolución industrial. Un saber aplicado a Inteligencia Artificial, a biotecnología (manejo de la producción agrícola -flori-frutihortícola-, al manejo del agua, a la medicina y los fármacos, entre otras), puede ser la llave para que en nuestra ciudad florezcan mil “startups”. Una gran red de captación de capitales de riesgo que lleguen atraídos por el oro de nuestra ciudad: su gente, nuestras cabezas.
Una hoja de ruta
Hace algunos años lanzamos Desafío Benoit. Una plataforma colaborativa que parte de la ciencia, la tecnología y la cultura como vectores de configuración de la matriz productiva platense. Que apuesta por una bioeconomía con arraigo local y proyección global. Desde allí propusimos la creación de la Agencia Platense de Desarrollo Bioeconómico. Un ámbito desde donde se programe el nuevo software de producción platense: captación de venture capital y creación de startups. La Plata como hub de innovación y producción de saber en materia de bioeconomía.
Para eso no se necesita inversión en niveles faraónicos. Se precisa movilizar fuerzas vivas, trazar acuerdos de largo plazo y gestar consensos. El pulso de ese proceso nos indicará en dónde y cómo invertir para potenciarlo. La ciudad puede convertirse en un laboratorio vivo. Con políticas que incentiven la innovación, que conecten saberes con necesidades, que promuevan el talento y el arraigo.
Si a ello sumamos descentralización administrativa, integridad, incorporación de tecnología para simplificar los procesos (bienvenido el blockchain), formación popular de programadores/as (necesitamos no menos de 5.000 en los próximos cinco años), redes de colaboración entre el Estado, la universidad, las empresas, los barrios, La Plata puede volar. Podemos gestar la revolución desde el rediseño del software. Ser modelo para América Latina. Como Medellín y Curitiba. La economía de plataformas nos enseña que triunfan las aplicaciones que vienen a simplificar la vida de los usuarios. Nuestro contrapunto para pensar un nuevo urbanismo no es la oposición, es Rappi. Contra esos niveles de respuesta competimos en esta nueva civilidad digital.
El deseo también se planifica
No se trata solo de indicadores económicos. Se trata de algo más profundo… ¿Qué hace que alguien quiera quedarse en una ciudad? El deseo también forma parte del sistema. Para que funcione, hay que programarlo.
Una ciudad que ofrece futuro es una ciudad que proyecta expectativas. Que genera orgullo. Que permite pensar cómo organizaremos nuestra vida. No es una cuestión de marketing. Es una cuestión de justicia social.
La Plata debe volver a prometer un porvenir a su gente. No como postal del pasado. Es imprescindible abandonar las retroutopías. Debemos mirar al futuro respetando nuestra historia e identidad. Con datos. Con planificación.
El derecho a probar
Una ciudad beta no es una ciudad perfecta. Es una ciudad que prueba. Que ajusta. Que escucha. Que itera. La política debe volver a ser herramienta de transformación.
Necesitamos dirigirnos hacia un modelo que permita sincronizar lo urgente con lo importante. Atender la coyuntura sin resignar el largo plazo. La Plata debe hacer del conocimiento una oportunidad. Dejemos de exportar cerebros. Exportemos futuro y generemos divisas que podamos reinvertir.
Actualizar el sistema. Ese es el desafío. Ensayar el futuro. Ese es el derecho.
Por Jerónimo Guerrero Iraola | Abogado