Por Goyo Sica | Periodista
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Por Goyo Sica | Periodista
En un barrio de casas bajas dentro del eje fundacional de La Plata, en una noche no tan fría de septiembre, comienzan a llegar autos justo antes de la hora de la cena. La cuadra se llena, algunos tienen que estacionar dando vuelta la esquina. Las personas que se bajan llevan vino, sifones de soda, algunas gaseosas. Cualquiera puede pensar que se trata de una fiesta de cumpleaños entre semana.
Lo que efectivamente sucede es una reunión entre varios socios de Estudiantes dentro de una casa para hablar sobre el futuro del club. Ningún vecino puede imaginar que en su cuadra está Juan Sebastián Verón, como un par, discutiendo sobre distintas visiones futbolísticas, deportivas y sociales.
Esas reuniones se repiten. Se replican por redes. Se habla de eso en los medios de la ciudad. Mientras tanto, algún periodista porteño titula que Estudiantes da un paso enorme hacia las Sociedades Anónimas Deportivas.
El actual presidente de Estudiantes hace cuatro meses dijo en una entrevista con Juan Pablo Varsky: “El fútbol argentino debe desarrollar su propio sistema integrando el privado. Un club nunca va a ser una Sociedad Anónima en Argentina”.
En estas reuniones entre hinchas de Estudiantes, se hace un diagnóstico de lo que está aconteciendo en nuestro fútbol. El juego parece estar arreglado. El mandamás de la asociación madre no parece importarle otra cosa que la recaudación. Dos clubes arriba de todo, los demás, migajas. Mientras tanto, la calidad deportiva se degrada.
Martín Gorostegui y Juan Sebastián Verón escuchan a los socios, repreguntan, asienten, disienten. Estudiantes no va a cambiar su personería jurídica, no tiene intenciones de hacerlo.
El club que tiene hoy una masa societaria de 60 mil personas, quedó a tope de sus capacidades. Todos los deportes amateur tienen lista de espera para poder sumar nuevos atletas. El Estadio Jorge Luis Hirschi precisa de un ranking de socios para los partidos con mayor convocatoria porque no puede albergar a todos los simpatizantes en los eventos de máxima demanda. El fútbol masculino (dos veces campeón en seis meses), motor que posibilita que todo lo demás exista, tuvo que desarmar su plantel dos veces en menos de un año.
Un largo camino
En octubre del 2014, Estudiantes elige a Juan Sebastián Verón como presidente del club con el 75% de los votos. Uno de los primeros anhelos del ídolo “pincha” es volver a 1 y 57. El sueño parece cercano, el embrollo parece haberse resuelto. Pero no hay plata.
Comunicándole al socio que se vendrían años con planteles profesionales acotados, la Comisión Directiva de Estudiantes busca inversores para poder solventar la obra que le permita a Estudiantes volver a su casa, la cual tiene desde 1907.
Lo que se plantea es que el remodelado Hirschi no solamente cumpla la función de estadio de fútbol, sino que pueda estar abierto todos los días del año. Para eso, en mayo del 2015 Estudiantes tiene una asamblea en el extinto Gimnasio Osácar, donde se aprueba el ingreso de capital externo para financiar la obra.
El acuerdo consiste en un adelanto de 6 millones de dólares para terminar la obra, y como contraprestación Estudiantes entrega por 10 años (que empiezan a correr cuando se termine la reconstrucción del estadio) dos gimnasios dentro del club a Sport Club, y los derechos de comercialización de las plateas a Experiencia Fútbol, por la misma cantidad de tiempo.
El 9 de septiembre de 2019 Estudiantes reinaugura el Estadio Jorge Luis Hirschi. Fueron 14 años de exilio, que vinieron con dos títulos locales y una Copa Libertadores. Pero no hay nada mejor que casa.
En otro acuerdo comercial con un privado, en este caso con la empresa de indumentaria platense Mateu Sports, el club decide crear su propia marca para vestir a todos sus deportistas, RUGE.
Para la temporada 2022, el plantel profesional de fútbol presenta su primera camiseta diseñada por la innovadora marca local. Con diseñadores platenses e hinchas del club, las ventas de las camisetas crecen y alcanzan ganancias inesperadas.
El proyecto
En el medio de las peleas del gobierno nacional con la Asociación del Fútbol Argentino están los clubes. SAD o clubes de los socios. Estudiantes, con Verón a la cabeza, ve una tercera posición.
No es noticia, la Comisión Directiva está en tratativas con Foster Gillet, empresario oriundo de Colorado, Estados Unidos, en busca de un desembarco de dinero que le permita a Estudiantes crecer exponencialmente.
En sí, el acuerdo comercial con el conocido magnate estadounidense consiste en una inversión que duplica o triplica el patrimonio actual del club. La cifra rondaría los 120 millones de dólares estadounidenses.
La idea de la Comisión Directiva, una vez que se cuenten con esos recursos, es empezar con obras de infraestructura. Terminar el Estadio UNO, agregarle los dos codos y techarlo. Quitarle unos hoyos al Golf, y destinarlos a las inferiores del fútbol masculino. Tener una cancha para el fútbol femenino. También, una segunda cancha para el hockey.
Después de todo eso, se habla de reforzar el plantel profesional del fútbol masculino. La herida de la actuación de la última Libertadores aún está abierta. Estudiantes gana la Copa de la Liga, pero no tiene recambio para pasar en la máxima competencia continental, y la que más divisas entrega.
Los socios que están reunidos con Verón y Gorostegui se ilusionan, pero también consultan, casi al unísono: “¿cuál es la contraprestación?” Una pregunta más que atendible teniendo en cuenta algunas historias del fútbol argentino con los capitales externos.
No es un préstamo como el del Banco Itaú, y no es una concesión como lo sucedido con Experiencia Fútbol (o lo que sucede en los clubes de barrio con sus buffets). Tampoco es un gerenciamiento, como se dijo también en redes y medios.
El inversor, que entiende que hace una inversión de alto riesgo, podría empezar a ver ganancias pasados los 10 o 15 años. Esto se daría a través de porcentajes de los jugadores formados en el club, las nuevas apuestas en los mercados de pases, que podrían formar parte del acuerdo. Una vez que se termine la obra del estadio, el naming, los eventos, las entradas vendidas, los alquileres, también podrían generar un ingreso para el inversor.
En el acuerdo no hay ninguna posibilidad de poner en peligro el patrimonio del club, lo cual trae tranquilidad en la reunión. El bombardeo de noticias preocupa a la gente. Esta comisión directiva lleva 10 años al frente de Estudiantes, y con aciertos y errores, saneó las arcas del club, y de manera democrática fue sosteniendo un crecimiento institucional respaldado por la gran mayoría de la masa societaria.
Queda aún conocer la letra chica para saber efectivamente cómo se puede llevar a cabo todo esto, y también los mecanismos que tiene el inversor para recuperar su dinero.
Repasando el estatuto del club, no parece necesario hacer una asamblea para aprobar esta inyección de dinero. Sin embargo, la decisión de la dirigencia es transmitir la idea, y posteriormente votarla con todos los socios. No es necesario, pero es lo más legítimo. Porque en Estudiantes el club es de los socios, y no va a dejar de serlo.