Méndez, la presión de llamarse Mauro y la alegría de todo Estudiantes

La historia dejó otros 7 con ese nombre, siendo Boselli el más importante. Con los dos goles, el uruguayo lo hizo valer de gran manera

El Editor Platense | Fernanda Verdeslago Wozniak
Por Fernanda Verdeslago Wozniak
18 de julio de 2023 - 23:02

Muchas veces la presión está por el apellido, que conlleva a pensar que debería tener los mismos genes futbolísticos de aquel padre, tío o lo que fuera. Pero pocas veces sucede que por el nombre se espera algo. Y en Estudiantes, decir Mauro pasó de ser solo un nombre a sinónimo de gol en los últimos 15 años. Claro está, hablamos de Mauro Boselli.

Boselli anotó 66 en 141 partidos, un promedio de casi un gol cada dos partidos. Y pasaron otros Mauros: Amato, Díaz, Fernández, Dobler, Raverta y Brito, dentro de toda la historia del León. Sin embargo, no hubo otro tan importante hasta ayer. Méndez.

Méndez, aquel resistido por la hinchada por no ser un Mauro goleador, ayer pudo romper la historia de que solo uno será recordado por sus goles. Está claro que un solo partido no te define, ni te pone allá arriba ni allá abajo, pero pocas veces son las que sí. Si este Mauro no salía a la cancha con esa personalidad, luego de anotar en River, si no aparecía con sus ganas de romper redes, de cerrar bocas y generar abrazos en los cuatro costados, quizás se seguiría hablando de un solo Mauro. Pero Méndez demostró saber portar el nombre, y en un club donde no solo pesa tener apellido.

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Con 38 partidos en Estudiantes, alcanzó los cinco tantos gracias al doblete en UNO. Claro que estaba condenado por su buena performance en Uruguay, en donde anotó 27 sobre 98 más 7 asistencias. Y justamente anoche mostró lo que tanto se esperó y el motivo por el que dejó Montevideo. No solo se esperaban los goles de Méndez ante tantas ocasiones (como aquella ante Paranaense), sino que encima sean en UNO: tenía tres, de los cuales uno en cancha de Platense, otro en River y el primero por Copa Argentina en Quilmes.

Mauro sabe que ahora no puede quedarse en lo que hizo. Hubo mucho trabajo de equipo, charlas con el entrenador, con los demás delanteros, con el otro Mauro, con sí mismo. Mauro no se rindió y sabía que esta noche no era una más, podría definir la historia de su nombre. Nombre, en un club donde no solo pesan los apellidos, porque no cualquiera puede llamarse Juan Sebastián, Carlos Salvador, Miguel Ángel, Abel Ernesto, Mariano Gonzalo o José Luis y pasar desapercibido. Mauro, gol.

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