Feliz Domínguez: ese Lobito que no quedó en Estudiantes y que le devolvió la alegría a Gimnasia

Inés, cocinera del Pincha y abuela de Benja, fue nexo para que él creciera. Sin embargo, el León no lo quiso y mucho después el Lobo no dudó

El Editor Platense | Fernanda Verdeslago Wozniak
Por Fernanda Verdeslago Wozniak
23 de agosto de 2024 - 18:06

Los domingos son días de fútbol. Los Domínguez son familia de fútbol. El final lo sabemos todos: el pibe que la rompió, que no llegó a jugar 100 partidos en Primera que terminó yéndose a Italia. Benjamín, Benja, Ben 10, aquel que empezó con la 44 y luego terminó con la número 7. Ese que no paraba y paraba de encarar. Para acá, no. Para allá, tampoco. Por ahí, donde menos lo esperabas. Quizás un poco de aquellas que tenía Guillermo, o alguna mágica como las que tiraba Potrerito. Era uno más de una camada que de pronto le tocó hacerse cargo no solo del escudo, sino del amor, de la pasión, del compromiso de toda esa gente que llena los cuatro costados del Juan Carmelo Zerillo cada vez que hay fútbol. Domingo de por medio, o el día que sea por la bendita AFA, allí estaba Domínguez.

Domínguez comenzó como la gran mayoría de los pibes que juegan al fútbol, arrancó en un equipo de barrio. Con sus hermanos, estaba en la etapa de infantil dividido entre los clubes Siglo XXI y Estudiantes de Los Hornos. Nacido en 2003, fue por pedido de su abuela Inés que creció y dio el salto a un club más grande: Comunidad Rural. ¿Quién era Inés? En Estudiantes de La Plata era la cocinera: "Más conocida como la Gorda, una fenómena", contó Juan José Tejeda, histórico entrenador que llevó a ese pequeño Benjamín a las franjas azules y blancas horizontales de la avenida 66 al fondo.

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Tejeda trabajó en Estudiantes y ahí conoció a Inés. Leo y Franco eran sus otros hermanos, y Benja estaba en el medio de ellos. Tejeda fue entrenador de uno de sus tíos. Comunidad Rural era como "un trampolín" para los que habían quedado libres de Gimnasia y Estudiantes, contó hoy en Radio Provincia. A sus 14, en 2017, jugó para Comu y salía campeona con su categoría todos los años: no llegó a Primera de casualidad, porque se fue a los 16 (2019).

Mientras Benja estaba allí, pasó algo en el medio: Sergio, su papá, lo llevó a probar a Gimnasia. "Yo sabía que había quedado, él, Benja, me lo contó. A Marcelo Ramos lo conozco y lo mejor. Sin que supiéramos fue a la prueba y quedó". ¿Sabés que es lo más increíble? Que años atrás tuvo una prueba en Estudiantes, sí, el clásico rival: ahí no quedó, ¡qué paradoja! "Hasta de 5, de 9, de extremo por derecha jugó", comentó. Y por todo esto, hay un porcentaje de la venta que le queda a Comunidad Rural por el mecanismo de solidaridad (5 por ciento de la venta). "¿Cuál es la mejor paga que tenemos? El reconocimiento de ellos".

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Domínguez era un Lobito, un fanático que cumplió su sueño. En Gimnasia logró crecer en físico, alimentación y proyectar aún más lo logrado en los clubes de barrio. Como aquel Lobito que le entregaron desde la tribuna popular del Néstor Díaz Pérez, eso representó para tantísimos hinchas chicos o grandes. Un poco de alegría, de emociones varias, de agarrarse de sueños, de un barrilete que iba de un lado a otro en el césped de 60 y 118. Del que quizás algo escuchó de Diego Maradona, que tomó consejos de Pipo Gorosito, que le devolvió el clásico a Gimnasia de la mano de Chirola Romero y terminó en abrazos con Marcelo Méndez Russo.

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Domínguez vuela este fin de semana. Domínguez se fue entre lágrimas. Lágrimas de felicidad, de festejos, de haber cumplido y que miles de almas lo aplaudan. Hasta una le entregó su muñequito, su muñeco de apego. Su lobito para el Lobito. Para ese Benjamín. Para ese feliz Domínguez.

Fotos: Marina Espeche y Prensa GELP.

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