Poco más de 2.000 kilómetros separan a Puerto Deseado, en el norte de Santa Cruz, con la ciudad de La Plata. Aquí en nuestra región, María Victoria Da Palma( 24) decidió radicarse para cumplir con sus estudios en la Universidad Nacional de La Plata y también seguir con su pasión: el básquet.
Centro Fomento Los Hornos y Gimnasia fueron parte de su recorrido con la naranja en las diagonales, pero su corazón decidió llegar a Berisso, a un club que viene haciendo un gran trabajo, como es el Hogar Social, justamente el espacio que se volvió su espacio de contención y que recientemente se coronó campeón en la APB tras vencer en la final al siempre duro Reconquista.
Luego de obtener el trofeo, la joven visitó la redacción de El Editor Platense para hablar su recorrido deportivo. “Después de la pandemia pensaba dejar de jugar. Pero me llegó la propuesta del Hogar y cuando vi el club, conocí a la gente y sentí el ambiente, dije: ‘Acá pongo mi fichita’. Me enamoré”, admitió. “Hogar es familia. El nombre le queda perfecto”, agregó.
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Victoria comenzó a jugar al básquet por herencia familiar. “En mi familia paterna jugaban todos. Tengo una anécdota hermosa: mi tía jugaba en la selección de Santa Cruz y yo, con uno o dos años, era la mascota del equipo”. Su formación fue siempre acompañada por el deporte, incluso en épocas difíciles como la pandemia, que la hicieron dudar sobre su continuidad.
El regreso al deporte se dio de la mano del Hogar y de un grupo humano que la abrazó. “No solo apostaron al básquet femenino, sino que nos dieron protagonismo. Tenemos horarios centrales, camisetas, apoyo psicológico. No siempre fue así. Hace años, muchas chicas no tenían ni cancha ni espacio”, recordó. Sobre el rol de la psicología en el deporte, destacó: “Sumaron profesionales para trabajar temas de confianza, vínculo y contención emocional. No somos atletas de élite, tenemos laburos, familias, problemas. Es clave tener un lugar donde hablar y sentirse acompañada”.
Figura en la final de la APB
Aunque en la final fue la goleadora del equipo con 24 puntos, Da Palma evita personalizar los logros: “Nunca juego pensando en cuántos puntos voy a hacer. Juego para resolver lo que el equipo necesita. Lo que logramos fue por la unión del grupo, no por individualidades”.
Para ella, el básquet no es solo una competencia. “Es un deporte de equipo que te prepara para la vida. Aprendés a convivir, a empatizar, a remar juntas para un mismo objetivo. En el Hogar encontré un lugar donde me siento cómoda, feliz. Donde los ruidos de la vida se apagan apenas entro”.
Con un futuro abierto y muchas páginas por escribir, la joven no duda: “Hoy quiero disfrutar del básquet. Me queda mucho camino por recorrer, y mientras me haga bien, acá voy a estar”. La historia inspira, desde el sur del país al corazón de la región.