Los datos fueron publicados en el informe de Estadísticas Vitales publicado por el Ministerio de Salud de la Nación pero, después de unas horas fue borrado. Sin embargo, Chequeado tuvo acceso e informó que la tasa "pasó de 8 a 8,5 cada 1.000 nacidos vivos entre 2023 y 2024".
En el 2024, en el primer año de gestión de Javier Milei, hubo 3.513 muertes de menores de un año, en 2023 habían sido 3.689. “Estas cifras de 2024 son atribuibles más al aumento de la pobreza y sus consecuencias sociosanitarias, que arrancaron en la pandemia y se agravaron con las gestiones de Alberto Fernández y Milei”, advirtió Adolfo Rubinstein, ex ministro de Salud en la gestión de Mauricio Macri a dicho medio.
Corrientes, Chaco y La Rioja son las provincias con mayor tasa y superan ampliamente el promedio nacional. Si se analiza la tasa cada 1.000 nacidos vivos, este año ese número alcanzó los 8,5 decesos por cada mil nacidos vivos. Se trata de un incremento de 0,5 puntos con respecto a 2023, según la información del Ministerio de Salud.
Según indicó Fundación Soberanía Alimentaria, "durante los últimos dos años de gestión, las políticas de salud perinatal se vieron debilitadas debido a diferentes decisiones del nivel nacional. Para citar algunos ejemplos, podemos destacar: debilitamiento del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC); suspensión de la entrega por parte del Ministerio de Salud de la Nación a las jurisdicciones de medicamentos críticos; siscontinuidad del Programa de Sueño Seguro".
Qué es la mortalidad infantil
La mortalidad infantil es un indicador sanitario que mide cuántos niños y niñas mueren antes de cumplir su primer año de vida por cada 1.000 nacidos vivos. Se trata de uno de los datos más sensibles para evaluar el nivel de desarrollo social de un país, ya que refleja de manera directa las condiciones de salud, alimentación, vivienda y acceso a servicios básicos de la población. Cuanto más baja es la tasa, mejor es la calidad de vida general.
Este indicador no sólo está vinculado a cuestiones médicas, sino también a factores económicos y sociales. La falta de controles durante el embarazo, la desnutrición, las dificultades para acceder a un sistema de salud eficiente y las situaciones de pobreza estructural impactan de forma directa en la supervivencia de los bebés.
En Argentina, la tasa de mortalidad infantil históricamente se utilizó como una brújula para medir el éxito o fracaso de las políticas públicas en materia sanitaria y social. Su evolución permite comparar realidades entre provincias y detectar desigualdades profundas: las regiones con mayores carencias suelen registrar los índices más altos. Por eso, cada variación, por mínima que parezca, tiene un fuerte peso simbólico y político.