Creer o reventar.

La maldición de los gobernadores, otra preocupación para Axel Kicillof

Sea la historia verdadera o no, Axel Kicillof no escapa a la inquietud que genera la maldición en cada gobernador que quiera seguir su carrera en Balcarce 50

Por Hernán Marty
17 de mayo de 2026 - 09:30

Un 6 de setiembre de 1921 la maldición cobraba su primera víctima, ese día falleció Dardo Rocha y con su deceso se esfumaron sus deseos de ser presidente de la Nación. Cuentan quienes estudian la historia de la capital provincial, que esto es responsabilidad de una bruja, que lanzó la maldición 39 años antes, en la noche de la jornada en la que se fundó la capital provincial.

Rocha fue uno de los muchos gobernadores que tuvo la aspiración de manejar los destinos de la Argentina, que vio en las urnas la imposibilidad de concretar sus pretensiones de realizar el cambio de domicilio entre la Casa de Gobierno provincial y la Rosada, durante los últimos 144 años de historia argentina. De todas formas, esto no ha imposibilitado a los nacidos en la provincia de Buenos Aires ser electos presidentes, siempre y cuando no tengan en su currículum para llegar a ese cargo, el haber sido electos como mandatarios del territorio que concentra en su interior al 40% de la población nacional.

El comienzo de la historia

El historiador platense Gualberto Reynal, en su libro “La historia oculta de la ciudad de La Plata”, relata que esta “maldición” nació producto del recelo que había por aquel entonces entre Dardo Rocha (gobernador provincial) y Julio Argentino Roca (presidente de la Nación), ya que este último no quería que el fundador de la ciudad de las diagonales fuera su sucesor en el poder.

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El embrujo tuvo su origen la noche misma de la fundación de La Plata y estuvo a cargo de una afamada bruja de la vecina localidad de Tolosa, quien secundada por seguidores del presidente, violentaron el cofre que tenía monedas de oro, medallas, un plano de la ciudad y un mensaje a la posteridad, bebieron las botellas de champagne que estaban enterradas junto al arcón de plomo y giraron danzando en sentido antihorario en el centro geográfico de la futura urbe, repitiendo el conjuro que hechicera vociferaba a gritos.

La satánica ceremonia tuvo su fin cuando “la tolosana” orinó sobre la piedra fundamental de la ciudad, lacrando con sus fluidos internos ese pacto perverso que hoy mantiene su vigencia.

En ese momento, se selló el destino de Rocha y de cualquiera que pretendiera seguir su camino y se condenó la Capital a un progreso mucho más lento que el de cualquiera ciudad que tuviera su vital importancia. De esta forma, el sillón del gobernador comenzó con su maldición, impidiendo a quienes se sentaron en él llegar a los aposentos que supo ocupar Bernardino Rivadavia.

Las excepciones

Habrá quien, revisando la historia, pueda argumentar el hecho de que tanto Bartolomé Mitre como Eduardo Duhalde ocuparon los cargos de gobernador y presidente, y aunque este es un dato totalmente cierto e irrefutable, hay pruebas que demuestran que no por eso, la carga de hechizo deja de ser verdadera.

En primer lugar, Mitre tuvo esas dos distinciones y sí, dejó la gobernación para hacerse cargo de la presidencia. Pero todo esto sucedió en 1862, dos décadas antes que el enfrentamiento entre Roca y Rocha tuviera como consecuencia la convocatoria de la hechicera, en lo que hoy es Plaza Moreno.

Por otro lado, Duhalde comandó los destinos de la Provincia entre 1991 y 1999, y llegó a la presidencia -interina- de la Nación el 2 de enero de 2002, y no a través del voto popular, sino por elección de la Asamblea Legislativa, que lo facultó para terminar el mandato de Fernando de la Rúa, luego de que Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saa y Eduardo Camaño, no fueran capaces de encausar al país tras la crisis.

En los pasillos de la gobernación hay quienes dicen que a mediados de 1999, seguidores duhaldistas hicieron un exorcismo tratando de romper el maleficio, pero en las elecciones Duhalde fue derrotado por aquel a quien luego debería reemplazar para completar el mandato que en las urnas no pudo ganar. Algunos creen, sin que hasta ahora se pueda demostrar esa afirmación, que su llegada al poder casi tres años más tarde rompió el maleficio, pero nada indica que así sea.

Un listado al que Axel Kicillof no quiere pertenecer

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Pero en los 144 años que lleva esta deprecación condenatoria, fueron muchos los que sin éxito intentaron maximizar su poder: en las primeras décadas del siglo XX Marcelino Ugarte no pudo consumar su ambición presidencial; en las dos décadas siguientes fue Manuel Fresco quien dejó sus aspiraciones en La Plata; más tarde el coronel Domingo Alfredo Mercante fue presa del conjuro; a finales de los ‘50 Oscar Alende asumió la gobernación y hasta su muerte en 1996, trató de llegar a la Rosada sin jamás lograrlo; también Anselmo Marini, Antonio Cafiero, el mencionado Eduardo Duhalde y Daniel Scioli, buscaron en las urnas que se rompiera el mentado maleficio, pero nadie logró conseguirlo.

Están los que cómo José Camilo Crotto y José Luis Cantilo, no tuvieron esa pretensión y por lo tanto, no fueron presas de la maldición de los gobernadores.

Nos quedará la duda de las posibilidades que hubiera tenido María Eugenia Vidal, quien declinó en favor Mauricio Macri la chance de competir por el sillón de Rivadavia, pero si en algún momento decide hacerlo, veremos si la maldición distingue géneros o si es para todos y todas.

Con todo, a casi 105 años de la muerte de la primera víctima de un conjuro nacido por recelo y mezquindad política, lo cierto es que si se quiere llegar con éxito a Balcarce 50, por ningún motivo se debe hacer escala en calle 6.

Un origen diferente para la misma maldición

Una investigación atribuye la autoría de la maldicíon al psiquiatra Arturo Philip. El historiador platense Gabriel Darrigran plantea que, luego de trabajar en el psiquiátrico de Carmen de Patagones junto a una machi, Philip volvió a La Plata en 1988 y constituyó el grupo especializado en etnopsicoanálisis “Paradigma” que tenía como publicación institucional la revista Alter Ego.

Esa comunidad terapéutica detectó ciertos patrones en el comportamiento ciudadano que diagnosticó como "carencia de identidad", e intentó sanarlos mediante la utilización de mitos, cómo lo habían hecho en Carmen de Patagones. Es así cómo a través de Alter Ego, en 1989, presentaron por primera vez la historia de una curandera tolosana contratada en 1882 para maldecir la ciudad, cómo explicación simbólica de lo que creían estaba ocurriendo en la ciudad actual.

La fuente principal de esta leyenda urbana implantada es el libro Loores Platenses del escritor Arturo Capdevila de 1932, en donde se cuenta la historia de los varados en la Estación de Tolosa y cómo renegaron de la ciudad que recién nacía. Mientras que el personaje de la bruja provendría de las experiencias vividas por Arturo Philip con una machi en Carmen de Patagones.

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