El lado oscuro.

Del regreso a la Luna al ajuste local: qué revela Artemis II sobre la ciencia argentina

La misión Artemis II de la NASA comenzará su regreso desde la Luna este martes. Mientras, surgen datos preocupantes sobre el ajuste en Ciencia y Tecnología

El Editor Platense | Andrés Paez
Por Andrés Paez
7 de abril de 2026 - 21:00

La misión no solo retomó el camino que había quedado truncado desde el programa Apolo, sino que además estableció un nuevo récord: su tripulación se convirtió en la que más lejos viajó de la Tierra en la historia, superando incluso la marca del Apolo 13. Durante diez días, los astronautas orbitaron la Luna, validando sistemas clave para futuras misiones con alunizaje y, eventualmente, para la exploración humana de Marte.

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Sin embargo, lejos de ser un desarrollo completamente ajeno, la misión también tuvo participación argentina. A bordo viajó el satélite ATENEA, un CubeSat desarrollado con fuerte intervención de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), que ya comenzó a enviar información desde el espacio profundo. El dispositivo fue diseñado para probar tecnologías críticas como navegación satelital, comunicaciones de largo alcance y medición de radiación, en un entorno extremadamente exigente.

El aporte de la UNLP no es menor: incluye desde el diseño estructural hasta componentes electrónicos centrales, como la computadora de a bordo y sistemas de comunicación. Además, ATENEA fue uno de los pocos desarrollos seleccionados a nivel global -y el único latinoamericano- para integrar esta misión, lo que da cuenta del nivel alcanzado por el sistema científico argentino en áreas de alta complejidad.

El ajuste en Ciencia y Tecnología

Según el análisis del presupuesto del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, la inversión pública en el sector acumula tres años consecutivos de caída, con un desplome cercano al 40% respecto de 2023. Para 2026, se proyecta una nueva baja real que profundizaría la retracción hasta niveles mínimos históricos.

En términos del PBI, el financiamiento destinado a Ciencia y Tecnología caería a apenas 0,14%, muy lejos del 0,52% establecido por la ley de financiamiento del sector. El contraste es aún más marcado si se observa la estructura del gasto: casi dos tercios del presupuesto se destinan a salarios, que también vienen perdiendo poder adquisitivo, mientras que la inversión en equipamiento y desarrollo tecnológico sufrió recortes mucho más pronunciados.

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El impacto es transversal: organismos estratégicos como la CONAE, el CONICET, el INTA y el INTI registran caídas significativas en sus partidas, lo que afecta tanto la investigación básica como el desarrollo aplicado.

En este contexto, la participación argentina en Artemis II adquiere una dimensión particular. No solo evidencia capacidades existentes, sino que también expone la distancia entre el potencial científico-tecnológico del país y las condiciones materiales para sostenerlo en el tiempo.

El regreso a la Luna, en este sentido, no es solo un logro de la ingeniería global. Es también un recordatorio de que los grandes avances científicos no son producto de esfuerzos aislados, sino de políticas sostenidas, inversión estratégica y planificación de largo plazo. Una ecuación que, hoy por hoy, lejos está de las prioridades del Gobierno nacional.

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