Vecinos de diferentes puntos de La Plata reportaron fallos en el servicio de la empresa administrada por Diego Massera. Desde transformadores incendiados a barrios enteros sin luz, el problema sigue
28 de noviembre de 2025 - 08:40
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El apagón no fue una sorpresa para nadie en el Parque San Martín. Era de noche y, para muchos vecinos, la frase “están trabajando en la zona” ya sonaba como un estribillo repetido, gastado y vacío. El corte fue masivo. “Gigante es el corte de luz en la zona del Parque San Martín. Hacés el reclamo, te dicen que están trabajando y lo que hay son intermitencias en la red que te arruinan los electrodomésticos”, escribió indignada una de las afectadas.
La descripción podría parecer anecdótica, pero en realidad es un retrato preciso del estado actual del servicio eléctrico en La Plata y la región: inestabilidad crónica, nulo mantenimiento y un trato al usuario que oscila entre el silencio y la desidia.
Porque si algo comparten los distintos barrios platenses es la sensación de abandono frente a una empresa que acumula quejas, denuncias y reclamos que rara vez encuentran respuesta. En Altos de San Lorenzo, por ejemplo, los vecinos vienen advirtiendo desde hace días algo más grave que un corte o una factura impagable: un transformador a punto de explotar.
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“Parece que esperan que pase una tragedia”, denunció una vecina que se comunicó con El Editor Platense. La escena se repite todos los días en 24 y 72: chispazos, olor a quemado y la expectativa de que en cualquier momento ocurra lo peor. A pesar de los pedidos reiterados para que EDELAP envíe personal técnico, la empresa no aparece. Ni una cuadrilla, ni un técnico, ni siquiera una explicación.
“Así está todo por falta de mantenimiento”, explicó otro vecino, cansado de escuchar excusas. Con ironía, agregó: “Ahora van a decir que los aires acondicionados no dan abasto, como si la falta de inversión fuera culpa de los que prendemos un ventilador”. La bronca es sostenida y transversal: abarca usuarios que conviven con baja tensión, barrios directamente desconectados y familias que perdieron electrodomésticos por las constantes oscilaciones de la red.
Una conducción cuestionada en medio del malestar
El enojo ciudadano también comenzó a dirigir la mirada hacia la conducción de la empresa. Hoy EDELAP está bajo la gerencia general de Diego Massera, ingeniero electricista con larga trayectoria en el sector. Massera asumió con el compromiso de mejorar la calidad del servicio y recomponer la relación con los usuarios, pero los resultados, al menos en lo cotidiano, no parecen reflejar ese objetivo. Mientras los transformadores se recalientan, los medidores marcan consumos imposibles y los apagones se multiplican, la comunicación oficial se limita a partes escuetos y anuncios de “trabajos programados” que muchas veces no se cumplen.
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La falta de inversión sostenida y el deterioro evidente de la infraestructura eléctrica son temas recurrentes que desde hace años denuncian asociaciones de usuarios y organismos de control. Sin embargo, el problema no solo no mejora, sino que parece agravarse. Lo que antes eran cortes aislados ahora son interrupciones prolongadas, intermitencias constantes, sectores enteros sin luz y tensiones tan bajas que inutilizan cualquier aparato. Para miles de familias, la rutina transcurre entre hacer reclamos que no prosperan y rezar para que los cables no se incendien.
Tarifas que crecen sin control
Pero si la falta de mantenimiento ya es un problema grave, lo que termina de detonar la indignación generalizada son las tarifas. Las quejas no paran de acumularse y las cifras que aparecen en las facturas parecen tomadas de una realidad paralela. Aumentos exorbitantes, errores imposibles de justificar y consumos que no coinciden con la vida cotidiana de los hogares. La situación se volvió tan insostenible que los reclamos ante el Organismo de Control de Energía Eléctrica de la Provincia (OCEBA) se dispararon.
“Venía pagando 27 mil pesos por mes y de golpe me llegó una boleta de 201 mil, y la segunda de 108 mil. Casi 310 mil el bimestre”, relató una mujer de la zona norte de La Plata. Jubilada y pensionada, explicó que ni siquiera tiene posibilidades de pensar en afrontar ese pago. Hizo la denuncia correspondiente, pero su caso sigue ahí, estancado, como tantos otros. Sin solución, sin revisión, sin una respuesta concreta.
Los datos oficiales indican que el último aumento autorizado para EDELAP fue del 1,95%. Nada justifica entonces los incrementos del 200%, 300% o incluso 500% que están recibiendo los usuarios en sus hogares. “De venir pagando 30 mil, hace dos meses me llega 80 mil. Y no hay consumo: durante el día no hay nadie en casa, no dejamos nada prendido. Nadie te da respuestas, son un desastre”, agregó otra usuaria.
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El contraste es obsceno: mientras la infraestructura se cae a pedazos y la empresa no atiende reclamos básicos, las boletas se disparan a valores imposibles. Pagan más, reciben menos. Una ecuación que indigna y angustia.
EDELAP: fallas técnicas, silencio empresarial y usuarios indefensos
Lo que está ocurriendo con EDELAP ya trasciende la categoría de “mal servicio”: para muchos vecinos es una combinación peligrosa de infraestructura al borde del colapso, falta de comunicación y una política tarifaria completamente descalibrada. Los reclamos formalizados ante OCEBA suben semana a semana, pero aun así, las respuestas de la empresa siguen siendo mínimas o directamente inexistentes.
Las consecuencias se sienten todos los días: electrodomésticos quemados, comercios que pierden mercadería, familias enteras sin luz por horas o días, adultos mayores expuestos al calor sin ventilación y, como si fuera poco, transformadores peligrosos que podrían causar un accidente grave si la empresa no interviene a tiempo.
Mientras tanto, la respuesta más habitual sigue siendo la misma: “Estamos trabajando en la zona”. Una frase que ya nadie cree, que no garantiza nada y que solo sirve para estirar la paciencia de usuarios que viven con miedo a quedarse sin luz o a recibir una factura impagable.
Una demanda urgente
La situación llegó a un punto en el que los vecinos no piden mejoras extraordinarias, ni innovaciones tecnológicas, ni servicios superadores. Piden lo básico: que no se corte la luz, que no les cobren consumos inexistentes, que no exploten los transformadores y que alguien atienda el teléfono o se presente cuando un barrio entero queda a oscuras.
EDELAP, en cambio, parece transitar un camino inverso: menos mantenimiento, más cortes, menos respuestas y más aumentos. Un modelo que solo profundiza la bronca y la sensación de desigualdad.
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La ciudad de La Plata, siendo la capital de la provincia más poblada del país, no puede funcionar con un servicio eléctrico que falla todos los días. La energía no es un lujo ni un capricho: es un derecho básico que sostiene la vida cotidiana, la salud, la seguridad y el desarrollo de cualquier comunidad.
Y mientras esos derechos sigan en riesgo, la demanda será la misma, clara y urgente: EDELAP tiene que hacerse cargo. De sus cables, de sus transformadores, de sus tarifas y, sobre todo, de sus usuarios.