La detención de once personas en 30 allanamientos en distintas viviendas de Rosario y en las cárceles de Ezeiza y Coronda logró poner fin al accionar de la banda liderada por el piloto peruano Julio Rodríguez Granthon. Era considerada como la mayor proveedora de drogas del clan Los Monos; su líder seguía operando desde la cárcel.
Según la Policía santafesina, recaudaban cerca de 200 mil dólares cada 40 días: Rodríguez Granthon, tras las rejas, quedó imputado en el marco de otra investigación (tráfico de 567 kilos de marihuana, en mayo).
Desde Procunar consideraron que con la detención de los 12 imputados, quedó desarticulada la totalidad de la organización. A los fiscales les había llegado una denuncia de un “preso que vendía merca” y protegidos por “la Policía de Santa Fe”.
El golpe más duro a la banda fue la desarticulación de su estructura de lavado de activos: construcción de viviendas producto de la venta de drogas.