Cada martes, algunas palabras. Algunas ideas. Varios combates. Escribir en tiempos de repliegue es, también, una forma de resistencia, pero también de acción. Como quien cava trincheras con el teclado, con la memoria. Esta columna, que comenzó como una serie de intervenciones dispersas, se fue convirtiendo en bitácora de un tiempo áspero. También en herramienta para pensar, para intervenir, para nombrar lo que otros prefieren callar u omitir. “Hay que atender lo urgente”, nos dicen, mientras acudimos a la postergación de lo importante.
La escritura no es un lujo. Es una necesidad política. En un país donde el poder avanza a fuerza de decretos y cinismo, en el que la palabra pública se vacía o se degrada, donde el argumento es reemplazado por un insulto o descalificación; en la era de la posverdad, es imprescindible volver a encontrar el sentido. Es parte de la lucha. Cada columna, entonces, es una invitación a reponer un sentido (entendiendo que hay otros), a narrar el presente desde una perspectiva que no renuncie a la justicia, a la comunidad, al porvenir. Narrar es resistir. Narrar es construir comunidad frente al individualismo impuesto.
Escribimos también para que no nos olviden. Para que el relato oficial no tape nuestras memorias. Para sembrar, aunque sea en papel, la posibilidad de otra historia, de otra política, de otra forma de estar juntos. Cada palabra es una apuesta. Cada columna, un gesto de reivindicación de lo comunitario.
Ciudad, ciencia, soberanía
Uno de los hilos persistentes fue el de la soberanía, pensada como condición de posibilidad para una democracia real. A su vez, fuimos poniendo el foco sobre la ciudad de La Plata, nuestra historia, nuestra universidad, nuestro tejido productivo, científico y cultural. Estos fueron el punto de partida para imaginar otra forma de hacer política territorial. Entender que un diseño de ciudad se puede (¡y debe!) forjar desde la cosmovisión soberana.
Desde el Desafío Benoit hasta los diálogos con Fernando Tauber, apostamos a una ciudad que se piensa a sí misma como laboratorio vivo de futuro. Hablamos de la UNLP como faro en este Siglo XXI; de la ciencia como matriz de desarrollo, del conocimiento como principal activo. Dijimos, con claridad, que la ciencia no es un lujo para élites, sino un derecho popular. La gema cuyos frutos deben ser la condición de posibilidad de una mejora sustantiva para las grandes mayorías.
Planteamos que no hay soberanía sin capacidad de producir conocimiento, sin ciencia con anclaje nacional, sin universidad pública que no se limite a resistir, sino que diseñe el porvenir. Cada vez que defendimos al CONICET, al CAREM, al sistema científico-tecnológico, lo hicimos desde esta convicción profunda. El conocimiento no es neutral, y en la disputa por su sentido se juegan los combates e idearios en torno al modelo de país.
Dimos el debate cuando algunos querían transformar la educación en mercancía. Alzamos la voz para decir que la universidad es mucho más que aulas y títulos: es un actor estratégico para el desarrollo local, regional y nacional. La Plata, como ciudad del conocimiento, debe tener un papel protagónico en este desafío.
El Colonialismo Avanza y su plan
Lo dijimos y lo seguiremos diciendo: el gobierno de los hermanos Milei no es caótico ni improvisado. Es brutal, sí. Pero es también un sistema. Cada medida que toma está en línea con un proyecto de país para pocos, diseñado por y para los poderes concentrados. Un plan sistemático de entrega de la soberanía.
Las columnas sobre Tierra del Fuego, la ley de tierras, el Banco Nación, los glaciares, el vaciamiento cultural o el cientificidio, mostraron que lo que estamos enfrentando no son bravuconadas aisladas, sino una estrategia deliberada de desmantelamiento. Un paso tras otro, van entregando piezas clave del rompecabezas nacional.
La entrega de soberanía es planificada. Frente a ese plan, cada palabra escrita pretende ser una alarma, una denuncia, una convocatoria. Escribo para incomodar, para intervenir, para decir "acá estamos". Callar es consentir. El silencio nunca es neutral. Es imprescindible poner nombre a este deliberado plan de entrega, a este nuevo estatuto del colonialismo, el nuevo pacto de vasallaje de la Argentina libertaria.
Para eso, fuimos recorriendo los atropellos, uno a uno. Tratamos de desnudar la lógica de demolición institucional y simbólica que guía los actos de gobierno. Denunciamos no sólo lo que hacen, sino lo que destruyen: la esperanza, el tejido solidario, el deseo de comunidad. Asimismo, intenté proponer siempre una salida organizada, soberana, colectiva. Argentina tiene todo para liderar esta era. Que no nos inunde el desánimo, que es también parte de la estrategia gubernamental.
Arraigo y justicia territorial
Otro eje clave fue el interior bonaerense. No como postal bucólica, sino como sujeto histórico con derecho al desarrollo. Junto a dirigentes como Walter Abarca, planteamos la necesidad de repensar el arraigo, la autonomía municipal, las políticas de producción con valor agregado en origen.
El desequilibrio entre el AMBA y el interior no es solo una cuestión de coparticipación. Es una forma de concentración del poder, de acceso a los servicios, a las oportunidades. Reivindicar la autonomía municipal, promover la gestión local con recursos, apostar al trabajo y la educación como motores de arraigo, es también disputar soberanía.
La autonomía no es una consigna vacía. Es la posibilidad de que cada comunidad decida sobre su destino. Es romper con la lógica centralista que empobrece a las provincias y ahoga a los municipios. Es habilitar un federalismo real, donde el desarrollo no sea una excepción sino una regla. Donde vivir lejos del centro no implique vivir peor.
Mostramos que hay un interior potente, con ganas, con ideas, con futuro. Que sólo necesita las herramientas para desplegar lo que ya tiene: su gente, su cultura, su capacidad de trabajo. La justicia territorial es la justicia social del siglo XXI. Y es desde allí que puede reconstruirse un país más equitativo.
Palabras que laten
Hubo frases que quedaron resonando. Algunas se volvieron cita, otras consigna. "El cientificidio de los hermanos Milei". "Gobernar algoritmos y humanidad". "Vaciar Tierra del Fuego es ceder la Nación". "Soberanía como eje transversal donde pensar el mañana". "La Patria no se entrega, se construye".
No son solo líneas escritas: son posiciones políticas. Son apuestas. Son banderas. En cada una de ellas hay una trinchera simbólica. Las palabras construyen sentido, organizan pasiones, abren mundos posibles. Es por eso que cuidarlas, nutrirlas, cargarlas de contenido emancipador es parte de la disputa. No nos rendimos a la gramática de la resignación. Elegimos una sintaxis de futuro. Una poética de la esperanza activa.
Y en esa tarea, cada columna fue también una conversación con los lectores, una invitación a pensar juntos, a construir comunidad desde la palabra. La palabra, decimos, no es sólo representación, es intervención. Es herramienta. Es acto político.
Lo que viene: invierno, pero con primavera adentro
Se viene el receso invernal. No es un cierre. Es una pausa activa. Lo que viene es más escritura. Es tiempo de reflexión, sí, pero también de preparación para lo que sigue.
Seguiremos escribiendo cada martes. Con más fuerza, con más amor, con más claridad. Porque no hay invierno que dure para siempre. Y porque en cada palabra que sembramos hoy, hay ya un germen de primavera.
Por Jerónimo Guerrero Iraola | Abogado