Florencia Arietto, senadora de la Provincia por La Libertad Avanza, volvió a ser noticia este jueves al protagonizar un insólito episodio en la fábrica de Lustramax, donde impidió con sus propios brazos la entrada de un trabajador despedido, al que la Justicia ordenó reincorporar.
La legisladora, que supo ser abanderada del kirchnerismo, y tras pasar por diferentes espacios políticos terminó abrazando las ideas de la libertad que promueve Javier Milei, se presentó en las instalaciones de la empresa ubicada en la localidad de Tortuguitas, partido de Malvinas Argentinas, y buscó por todos los medios que el delegado sindical Leandro Gómez ingrese al predio a cumplir sus funciones.
Como si se tratara de una marca personal, Arietto utilizó sus brazos extendiéndolos en todo su alcance para impedir la entrada del trabajador, que había sido despedido por la empresa Lustramax, en medio de un conflicto con los trabajadores que lleva varias semanas. A pesar de un fallo del Tribunal de Trabajo de Pilar que ordenó la inmediata reincorporación de Gómez, Arietto se puso del lado de la empresa y ofició, ad honorem, de guardia de seguridad.
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El caso de Lustramax, símbolo de la crisis en la Provincia
El conflicto entre la empresa Lustramax y sus trabajadores comenzó a principios de este año en la planta ubicada en Tortuguitas, tras el anuncio de una serie de despidos que la firma justificó por una presunta crisis económica. Los empleados rechazaron esa argumentación y denunciaron que la actividad productiva se desarrolla con normalidad. Además, sostienen que varias cesantías afectan a delegados sindicales y que existen incumplimientos en pagos salariales y aportes. En ese marco, realizaron asambleas permanentes, paros y protestas, incluyendo cortes en la Autopista Panamericana para visibilizar el reclamo.
El Ministerio de Trabajo de la Provincia dictó la conciliación obligatoria y ordenó retrotraer los despidos, aunque la empresa manifestó que no acataría la medida en los términos dispuestos. Posteriormente, el Tribunal de Trabajo de Pilar ordenó la reincorporación del delegado al que Arietto impidió ingresar a la fábrica, reafirmando la validez de su representación sindical. Mientras los trabajadores interpretan las desvinculaciones como un intento de debilitar la organización interna, la empresa sostiene que enfrenta una situación crítica y denuncia presiones gremiales que afectarían el normal funcionamiento de la planta.