No hay forma en el que al leer el nombre Máximo mi mente no piense en esta frase: “Me llamo Máximo Décimo Meridio, comandante de los Ejércitos del Norte, general de las Legiones Felix, leal servidor del verdadero emperador Marco Aurelio, padre de un hijo asesinado, marido de una mujer asesinada, y alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra”.
A más de 2000 años de aquel entonces, poco tiene aquel Máximo con el que hoy nos trae en cuestión: Kirchner. Ni mucho menos del otro lado puede pensar que Axel Kicillof sea Lucio Aurelio Cómodo. Lo que sí es que están enfrentados y por un mismo objetivo: llevar las riendas del peronismo y ser la fuerte imagen para rivalizar con Javier Milei.
Ambos son hijos, uno directo y otro "heredero", del kirchnerismo: no solo ello, sino de la mejor época del país en este último siglo. Si queremos compararlo aún con los romanos, lo empezado por Néstor Kirchner y seguido por Cristina Fernández -primer gobierno- es equivalente a Trajano, Adriano, Pío o Marco Aurelio. No por batallas, sino por lo ganado hacia el pueblo. Sin embargo, todo eso bueno hoy son ruinas y difíciles de reconstruir.
Mientras uno tiene la grandísima responsabilidad de conducir la provincia más importante del país, el otro busca ganar espacios que lo hagan valer más allá de su apellido. Axel es un nombre que proviene del hebreo Avshalom y significa “Padre de la paz”. Máximo, por su lado, de una gens romana (familia importante llamada Maximus) que simboliza “el mayor”: referencia al poder y superioridad.
Kicillof manifestó, al estilo guerrero de aquella época, que lo “eligieron para conducir los destinos de esta provincia y (...) planteamos que tenemos que ser escudo y red para cuidar al pueblo”.
Máximo, como si estuviese sobre la arena del Coliseo, lo cruzó: “Hay dirigentes con altos cargos que se creen víctimas… Si los que fueron señalados por el dedo de Cristina se quejan, ¿qué nos queda a quienes no fuimos señalados por el dedo de Cristina?”.
Ninguno bajará los brazos como tampoco se ve cercana la posibilidad de que estos se encuentren en un abrazo. ¿Quién gana con todo esto? Milei, el Casio de aquel entonces que aprovechó un mal momento de Marco Aurelio para provocar una revuelta y adjudicarse el Imperio. Y el kirchnerismo lo último que quiere es que lo bien que se hizo quede en solo recuerdos como ahora lo es el Foro Romano.
A diferencia de aquel entonces, quien pone el pulgar hacia arriba o abajo es el pueblo. Pueblo que ya no quiere batalla, grietas o discusiones. Quiere construcciones, verdades e imperiosamente un bolsillo con caudal hasta fin de mes.