EDELAP bajo la lupa: crecen las quejas por cortes, aumentos y mala atención
Las quejas se acumulan, el malestar crece y los usuarios de La Plata y alrededores sienten que la empresa no solo no mejora, sino que su servicio empeora cada vez más
13 de noviembre de 2025 - 15:45
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Diego Massera, gerente de EDELAP
A medida que se acerca la época de mayor demanda eléctrica en la región, la polémica en torno a la empresa distribuidora de energía EDELAP vuelve a ocupar el centro de la escena. Las quejas se acumulan, el malestar crece y los usuarios de La Plata y alrededores sienten que la empresa no solo no mejora, sino que se aleja cada vez más de los estándares mínimos de un servicio esencial.
Desde distintos barrios de la ciudad, los vecinos describen la misma escena repetida: cortes de luz frecuentes, prolongados y sin respuesta por parte de la empresa. En Tolosa, Gonnet, Villa Elisa, Los Hornos y Altos de San Lorenzo, los usuarios aseguran que los apagones se multiplican, a veces en plena noche, sin previo aviso ni explicación posterior.
EDELAP argumenta que se trata de obras programadas y mantenimiento preventivo. Sin embargo, la realidad cotidiana demuestra otra cosa: los cortes suceden fuera de los horarios anunciados, las comunicaciones son deficientes y la energía vuelve sin que se perciba una mejora en la calidad del suministro.
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Marina Espeche
Las consecuencias van mucho más allá de apagar unas luces. Familias que pierden alimentos, comercios que deben tirar su mercadería, estudiantes que no pueden conectarse a clases virtuales y teletrabajadores que quedan paralizados por horas. La frustración se traduce en enojo, impotencia y una sensación generalizada de abandono.
EDELAP: tarifas que suben mientras el servicio se desmorona
Mientras los cortes se vuelven parte de la rutina, las facturas no paran de aumentar. Muchos usuarios denunciaron subas de hasta un 400 por ciento en pocos meses. Hogares que pagaban entre 20 y 30 mil pesos pasaron a recibir boletas de más de 200 mil. Y en la mayoría de los casos, el consumo no cambió.
La situación generó una ola de reclamos ante el organismo de control OCEBA, ya que los incrementos superan con creces los topes establecidos por las resoluciones provinciales. La explicación de la empresa suele ser difusa: ajustes tarifarios, nuevas categorías de consumo o “lecturas provisorias”. Pero los números no cierran.
Vecinos relatan aumentos desproporcionados en viviendas con medidores de más de 40 años, sin aire acondicionado ni aparatos de alto consumo. “Pagamos una fortuna y seguimos quedándonos sin luz”, resume un comerciante del centro platense. La ecuación es insostenible: tarifas impagables y un servicio cada vez más ineficiente.
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A la deficiencia del servicio se suma otro reclamo constante: la atención al cliente. En las oficinas de EDELAP, las filas son eternas y las respuestas, casi inexistentes. En el call center, los usuarios aseguran que solo encuentran grabaciones automáticas y sistemas digitales que no resuelven nada.
“Llamás y te atiende una máquina. Pedís hablar con alguien y te cortan”, relató una vecina de Los Hornos. En muchos casos, quienes reclaman deben pasar días enteros insistiendo por teléfono o redes sociales hasta obtener una respuesta genérica.
El enojo se potencia porque, además de no recibir un servicio adecuado, los usuarios sienten que la empresa los ignora. La falta de empatía y de presencia humana se convirtió en un símbolo del deterioro institucional de la distribuidora.
La conducción de EDELAP y las promesas incumplidas
En medio del creciente malestar social, la conducción de EDELAP quedó en el centro de las miradas. Actualmente, Diego Masseraes el gerente general de la compañía. Ingeniero electricista y con una extensa trayectoria dentro del sector, Massera asumió con el compromiso de mejorar la calidad del servicio y fortalecer la relación con los usuarios.
Sin embargo, en la práctica, las mejoras no se ven. Las promesas de inversión, modernización y mantenimiento se diluyen frente a la experiencia cotidiana de los vecinos. Los cortes siguen siendo constantes, los medidores obsoletos no se reemplazan, y la atención al cliente continúa siendo deficiente.
La combinación de tarifas abusivas, cortes recurrentes y mala atención terminó erosionando por completo la confianza de la comunidad. Las redes sociales se convirtieron en una catarata de reclamos diarios: vecinos sin luz durante horas, electrodomésticos quemados, boletas impagables y nula respuesta empresarial.
La indignación también crece en el sector comercial. Panaderías, carnicerías y almacenes denuncian pérdidas millonarias por la falta de energía y la imposibilidad de mantener la cadena de frío. “Cada corte es un día perdido. Y encima las facturas no paran de subir”, resumió un empresario gastronómico.
Mientras tanto, EDELAP insiste en que los cortes forman parte de “trabajos programados” y que “se está cumpliendo con el plan de mantenimiento”. Pero el discurso corporativo choca de frente con la realidad de los barrios.
Falta de control en EDELAP y desprotección del usuario
El papel de los organismos de control también está bajo cuestionamiento. Pese al creciente número de denuncias, los usuarios perciben una falta de respuesta efectiva por parte del Estado. Las inspecciones son escasas y las sanciones, casi inexistentes.
La ausencia de fiscalización real alimenta la sensación de impunidad. Los vecinos se preguntan por qué deben seguir pagando facturas altísimas si la empresa no cumple con su obligación básica: garantizar el suministro eléctrico continuo y de calidad.
Además, la falta de inversión visible refuerza la sospecha de que los aumentos tarifarios no se destinan a obras reales. La red eléctrica platense muestra un deterioro evidente, con transformadores saturados, cableados antiguos y postes que llevan décadas sin ser reemplazados.
Más allá de los números, el problema eléctrico tiene un impacto social profundo. En los hogares con personas electrodependientes, cada corte representa un riesgo para la salud. En las casas humildes, perder alimentos por falta de refrigeración significa un golpe económico. En los barrios periféricos, la oscuridad se traduce en mayor inseguridad.
EDELAP, como concesionaria de un servicio público esencial, tiene la responsabilidad de garantizar el acceso equitativo y continuo a la energía. Sin embargo, el panorama actual dista mucho de ese objetivo.