Cuando todo empezó.

La Plata, ladrillo por ladrillo: la identidad emerge del trabajo

En el Día del Trabajador, vale recordar las manos que levantaron La Plata: la fábrica Ctibor y cientos de obreros que forjaron su identidad arquitectónica

El Editor Platense | Guillermina Medina
Por Guillermina Medina
1 de mayo de 2026 - 11:30

Antes de que existieran los edificios y las calles que recorremos en La Plata, hubo manos que moldearon, que trabajaron y que construyeron desde cero su identidad. En este Día del Trabajador, desde El Editor Platense visitamos el Museo del Ladrillo, un lugar que guarda el trabajo de generaciones que forjaron, en gran parte, el patrimonio de la ciudad.

Actualmente, el sitio no solo guarda máquinas y materiales: guarda la historia de los trabajadores que levantaron los cimientos de la capital bonaerense, ladrillo por ladrillo. La misma fue reconstruida por la actual coordinadora del Museo, la arquitecta Cristina Avinceta, junto con la familia Ctibor.

A través de la recuperación del espacio que desde 2009 funciona como tal, se pudo conocer la historia de familias enteras que fueron el germen de la localidad Ringuelet al trabajar durante diferentes generaciones en la Fábrica de Ladrillos Ctibor.

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Inmigrantes en La Plata

Francisco Ctibor, fue un ingeniero mecánico nacido en 1857 en Tabor, República Checa, y llegó a Argentina a finales del siglo XIX, con la experiencia de haber trabajado en la construcción de la Torre Eiffel en París, junto con Gustavo Eiffel.

Se radicó en Quilmes y, tras avanzar económicamente al fundar una fábrica de picaportes y un aserradero, puso el ojo en La Plata. Fue el llamado a licitación de un conducto que iba por debajo de la avenida 66 hacía el Río de La Plata que lo movilizó y llevó a pensar: necesitarán gran cantidad de ladrillos.

De esta forma, se presentó, ganó el concurso y, acto seguido, compró la fábrica de ladrillos ubicada en lo que ahora conocemos como Ringuelet, precisamente, en el predio de 514 entre los Caminos Centenario y Belgrano, a metros del Arroyo del Gato y del distribuidor Pedro Benoit.

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El establecimiento creció y, prácticamente, se volvió una comunidad: con más de 250 empleados, dentro del perímetro se instaló la administración, una enfermería, un almacén, se realizaron viviendas para los trabajadores y sus familias y, justo enfrente, se instaló una escuela. La mayoría de ellos eran inmigrantes de diferentes partes del mundo, pero sobre todo, checos e italianos. Llegaron analfabetos en busca de una oportunidad y en la fábrica de ladrillos Ctibor la encontraron.

Según la reconstrucción que pudieron hacer desde el Museo, muchos de aquellos trabajadores se casaron con miembros de otras familias y, llegaron a comprobar linajes de hasta ocho ramas dentro del mismo espacio. Asimismo, fueron las mismas personas que poco a poco, compraron terrenos alrededor y así, fue formándose el barrio.

La Plata, ladrillo por ladrillo

La capital bonaerense tiene una identidad arquitectónica muy definida y eso, ya no es noticia. Las diagonales, los árboles, las veredas, las plazas y los adoquines dejan ver el esplendor de la gran ciudad planificada. Sin embargo, en esta historia tuvo un rol fundamental aquello que no muchas veces se ve y que es -aunque parezca redundante- el cimiento de algo más grande.

Varios de los edificios antiguos que hoy se utilizan -en gran parte- para la función pública, se construyeron con ladrillos de la fábrica Ctibor. Para comenzar, la Catedral ladrillera que habita en el corazón de La Plata, se construyó con ellos y, según recordó Cristina Avinceta, hubo momentos en los que se pensó en revestirla, revocarla. Pero fue la misma comunidad que se opuso e hizo fuerza para que se mantenga la estética con el ladrillo a la vista.

Cada uno de los ladrillos que salía del predio de 514 llevaba el sello Ctibor y fue así que, con los años y pese a que hubo registros que se perdieron, se pudo saber que edificios como la Gobernación, la Legislatura bonaerense, Tribunales, el Cine San Martín, el Instituto Médico Platense, la actual Facultad de Artes y parte del viejo estadio de Estudiantes de La Plata en 1 y 57, fueron construidos con ladrillos de esta firma.

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Pero también estuvieron presentes en Puerto Madero y la Usina del Arte en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), sitios que, hasta el día de hoy, conservan su fachada ladrillera. El Subte y el Ferrocarril del Sud también llevaron identidad platense en su construcción. Como así también, se encontraron ladrillos en ciudades de la patagonia argentina, lo que evidencia la grandeza de la empresa para la época, llegando a enviar millones de piezas a distintas partes del país.

La mudanza y el camino al museo

La urbanización avanzó y en 1995 cerró la fábrica. Gran parte del predio fue alquilado y se construyó lo que hoy conocemos como el estacionamiento del hipermercado ChangoMas.

Aún así, la firma continuó de la mano de Jorge Ctibor, nieto del fundador que desde 1978 estaba como responsable de la empresa. Fue él quien aprobó el traslado al Parque Industrial ubicado en el oeste platense, donde se inauguró Cerámica Ctibor que, con el auge del ladrillo hueco, renovó su maquinaria y se especializó en ello.

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Al momento, la empresa es presidida por Eugenia Ctibor, quien además es la directora del Museo que guarda toda su historia familiar. Fue en 2004 que se iniciaron las tareas para lograr que aquel edificio donde funcionaba la administración, al que se le habían anexado dos viviendas para empleados, sea un lugar que le otorgue valor a la historia de La Plata y sus trabajadores.

A los pocos años, en 2007, la chimenea que está a la altura de la calle 513 en el predio que espeja al Camino Centenario y la fábrica en sí, fueron declaradas Patrimonio de Interés Municipal Arquitectónico. Luego, se creó la Fundación Espacio Ctibor y, fue en 2009 que se inauguró el Museo del Ladrillo.

Actualmente es un espacio abierto que, a través de visitas guiadas y una rica merienda, cuentan la historia de la fábrica adaptada para niños, adolescentes y para adultos.

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