La Universidad Católica de La Plata (UCALP) junto a funcionarios de la Provincia de Buenos Aires avanzan en un proyecto de investigación sobre espacios denominados "viviendas intergeneracionales" que permitiría la implementación de una prueba piloto en la ciudad de La Plata.
Al respecto, el Prof. Arq. Daniel José Buono señaló: “Esperamos para la primera semana de mayo la firma del convenio marco para avanzar con este proyecto y ese día podría estar presente la ministra Silvina Batakis, según nos manifestaron”.
Asimismo, el Investigador de la Facultad de Arquitectura y Diseño indicó que “en esta nueva reunión, corregimos con los funcionarios y terminamos de ultimar detalles del reglamento de convivencia del espacio, lo que debemos definir con mucho criterio para que una vez implementado funcione de la mejor manera. Y seguimos hablando de la prueba piloto que sigue en curso con el reglamento revisado por la UCALP y por el Ministerio”.
La "vivienda intergeneracional" como espacio de intercambio
Un trabajo realizado por la Universidad Católica de La Plata (UCALP) advertía sobre la parálisis habitacional que afecta a las dos puntas del ciclo vital. Mientras los jóvenes no logran calificar para créditos por la precariedad laboral, los adultos mayores enfrentan el deterioro de sus hogares con jubilaciones de subsistencia. Por ello, en una segunda parte de dicho trabajo, los investigadores no sólo estudiaron cómo la convivencia intergeneracional incide en la vida cotidiana de los hogares a la vez que evaluaron los riesgos y oportunidades del desarrollo a gran escala de viviendas intergeneracionales en la Argentina, sino que también ofrecieron una propuesta que aparece como innovadora , con el objetivo de combatir el déficit habitacional.
Se trata entonces de un proyecto que contempla un espacio habitacional compartido intergeneracional, denominado Centro Comunitario Intergeneracional de Formación Educativa (CCIdE), orientado además a brindar respuestas educativas y de formación laboral futura, rescatando a determinados actores sociales de situaciones de vulnerabilidad.
El CCIdE se convierte en un nuevo producto arquitectónico de carácter público, inserto en la trama urbana y adaptado al contexto socioeconómico y cultural de cada lugar. Se trata de un espacio multifuncional, pensado para funcionar las 24 horas del día durante todo el año, que contempla tanto las funciones básicas del habitar como ámbitos flexibles destinados al encuentro, la convivencia y el intercambio cultural y educativo. Prevé espacios comunes como salas de estar, comedores, salones de reunión y de juegos, donde se promueven las relaciones intergeneracionales y la transferencia de saberes.
La propuesta incluye talleres y cursos, pero también valora los quehaceres cotidianos como instancias de enseñanza y aprendizaje. En este esquema, los adultos mayores con formación profesional u oficios cumplen un rol de tutores, mientras que los jóvenes y adolescentes colaboran, entre otras tareas, en el acompañamiento tecnológico.
En términos educativos y laborales, podría emitir certificaciones básicas oficiales, consideradas antecedentes de primeras prácticas y experiencia laboral, especialmente destinadas a adolescentes y jóvenes adultos que se encuentran fuera del sistema educativo formal. Estas certificaciones funcionarían como respaldo para la inserción en el mercado laboral y requerirían el reconocimiento dentro del marco legal educativo nacional y provincial.
Los adolescentes y jóvenes adultos que sean parte del proyecto intergeneracional, serán también encargados de ayudar a los adultos mayores en cuestiones por ejemplo de: tecnologías informáticas, computadoras, celulares. Podemos mencionar ciertas cualidades espacio/funcionales, las cuales deberán ser componentes principales dentro del esquema habitacional. Estas características no solo formarán el programa arquitectónico, sino también deberán ser compositores específicos del prototipo celular.
De acuerdo a los investigadores este Centro representaría un aporte significativo para la sociedad argentina, al abordar de manera simultánea el déficit habitacional y la educación. El proyecto se presenta como un artefacto urbano de carácter innovador, con potencial para convertirse en una institución modelo, adaptable a distintos contextos del país y con impacto favorable en lo social y educativo.
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La parálisis habitacional
La crisis de vivienda en Argentina ha dejado de ser un problema meramente económico para transformarse en una crisis biosocial de dimensiones profundas. Así lo establece el informe de investigación titulado “La vivienda en la Argentina: relaciones intergeneracionales”, dirigido por la Cra. Marianela Ana Buono y el Arq. Daniel José Buono. El estudio de la UCALP tuvo además la colaboración de la Dra. María Teresa Sánchez Martínez, del Dr. Juan Antonio Maldonado Molina y de los estudiantes Vanesa Trifone (carrera de Contador Público) y Brando Sacchi (carrera de Arquitectura).
El estudio revela una paradoja estructural: el sistema actual excluye a quienes necesitan iniciar su vida independiente y desprotege a quienes, tras una vida de trabajo, no pueden mantener su hogar o carecen de uno.
Para la población joven, el acceso a la primera vivienda es hoy una “quimera”. La investigación señala que, si bien existen limitados programas para acceder a la “casa propia”, los requisitos funcionan como un filtro excluyente.
“Muchos jóvenes no pueden cumplir con la antigüedad laboral mínima de 12 meses o los niveles de ingresos netos exigidos (entre 1 y 8 salarios mínimos)”, destaca el informe. La realidad de este sector está marcada por la informalidad laboral o la condición de alumnos regulares, lo que los deja fuera de cualquier sistema crediticio. Esta barrera genera un estado de incertidumbre y desconcierto, postergando indefinidamente el desarrollo de sus proyectos vitales.
En el otro extremo, el informe pone el foco en la vulnerabilidad de la tercera edad. Con jubilaciones que rondan los doscientos dólares (según el registro de la investigación), los adultos mayores en Argentina se encuentran en una situación de “supervivencia”.
A diferencia de otros países donde se promueve el “envejecimiento activo”, en Argentina el adulto mayor enfrenta una pérdida progresiva de estatus social. Muchos de los que poseen vivienda propia no cuentan con recursos para mantener la infraestructura, lo que deriva en un deterioro de su calidad de vida. Aquellos que no son propietarios y carecen de red familiar de contención terminan directamente en situación de calle o en condiciones de extrema precariedad.