El Siglo XXI demanda debates serios, sustantivos sobre cuál es el mejor modelo institucional, cómo diseñar la arquitectura jurídica que nos ayude a pensar un Estado eficiente y con presencia real que satisfaga las necesidades del pueblo.
Arraigo y autonomía
“No se puede planificar sin la participación de la comunidad. La planificación tiene que ser de abajo hacia arriba”, sostiene Walter Abarca, dirigente bonaerense y ex legislador provincial. El centro de su pensamiento gira en torno a la necesidad de democratizar el poder territorial, de dotar de herramientas concretas a los municipios para que puedan decidir, ejecutar y transformar.
“El Estado es un marco de convivencia”, afirma. Y en ese marco, cada comunidad debería poder construir sus propias reglas de juego. Para eso, sostiene Abarca, se necesita una reforma profunda: “Los bonaerenses no cumplimos con el artículo 123 de la Constitución Nacional, que garantiza la autonomía municipal. Hoy, la provincia de Buenos Aires no permite que los municipios dicten su propia carta orgánica, la pirámide jurídica que ordena la convivencia como comunidad nacional”.
Diagnóstico de un desequilibrio
Abarca hace un diagnóstico preciso del problema estructural que atraviesa a Buenos Aires: “Hace 100 años, el 50% de la población era rural y el otro 50% urbana. Hoy, más del 60% vive en el 5% del territorio. Tenemos municipios con una densidad de 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado y otros con apenas 10. No se pueden trazar las mismas políticas para territorios tan distintos”.
De allí la necesidad de descentralizar, de reconocer la diversidad y construir soluciones situadas. La autonomía municipal, insiste, es la condición de posibilidad para pensar un desarrollo equilibrado.
El interior como tractor de desarrollo
“El interior bonaerense puede ser una potencia productiva”, sostiene Abarca. Y no se queda en la consigna. “El 70% de las exportaciones de la provincia son de origen agropecuario. El interior es la góndola de materia prima que se transforma en los conglomerados urbanos. Pero eso debe cambiar, para eso necesitamos agregar valor en origen”.
Para eso hace falta invertir en logística, rutas, energía, conectividad. Pero también en formación técnica y capacidad administrativa en los municipios. “El interior tiene un potencial enorme, desde el turismo rural hasta la explotación mineral y, por supuesto, la producción de alimentos. Pero hace falta una dirigencia que salga del eslogan de que Buenos Aires es inviable y empiece a pensar su desarrollo en serio”.
Fondo para el desarrollo del interior
En su paso por la legislatura, Abarca presentó el proyecto de Fondo de Desarrollo del Interior. “Era una adaptación del Fondo Fiduciario de Financiamiento para el Desarrollo. Queríamos orientarlo exclusivamente al interior, para infraestructura como redes de gas, energía, caminos. Buscábamos generar oportunidades en lugares donde la inversión estatal siempre llega última”.
“El fondo se nutría de varios tributos, como el inmobiliario rural; también un porcentaje de las facturas de gas, luz, y era administrado por una bicameral para evitar la discrecionalidad partidaria. La clave era una visión federal, que no reproduzca el centralismo del conurbano”.
Autonomía concreta, no simbólica
Abarca va al hueso: “No se trata de convertir a cada municipio en una mini provincia, sino de integrarlos en un esquema de desarrollo que reconozca su rol. Por eso proponíamos medidas concretas: pasar la coparticipación del 16% al 20%, crear un fondo con el 5% de los ingresos brutos, estatizar la VTV y que sea municipal, que los municipios cobren patentes e inmobiliarios, que gestionen la tierra urbana, hacer una coparticipación inversa. Cambiar la lógica burocrática de administración de recursos que aleja al Estado de la gente”.
Una provincia de desiguales
La tensión entre el AMBA y el interior no es nueva, pero para Abarca se ha vuelto insostenible. “Seguimos consolidando una provincia de desiguales. Si no generamos oportunidades en el interior, estamos empujando a la gente a migrar a donde no hay lugar, ni empleo, ni vivienda”.
La solución, dice, no es dividir la provincia, sino integrarla con inteligencia, redistribuir recursos, planificar con datos y diagnóstico, con la participación real de las comunidades. “Hay 90 comunidades que reclaman ser municipios. Hay una demanda de autonomía que es también una demanda de dignidad”.
La provincia que podría ser
“ARRIBA”, dice Walter, no es solo un juego de palabras. Es el acrónimo de su propuesta: Autonomías para Reconstruir el Rediseño Institucional de la Provincia de Buenos Aires.
Su mirada es la de alguien que quiere que los clubes de barrio no tengan que hacer 500 km para un trámite en Personas Jurídicas, que los intendentes puedan planificar con recursos, que las ciudades no pierdan a sus jóvenes por falta de oportunidades.
Pensar la provincia desde la raíz, con los pies en la tierra y la mirada en el futuro. Esa es la propuesta.
Por Jerónimo Guerrero Iraola | Abogado.