Cortes más baratos.

En plena crisis económica, la carne de guanaco y de burro aparecen en escena

La faena de estos animales en Santa Cruz y Chubut abre la polémica sobre un mercado de consumo de carne al cual los argentinos no estamos acostumbrados.

Por Vanesa Abalos
14 de abril de 2026 - 09:00

El consumo de carne vacuna en Argentina ha caído a mínimos históricos, situándose en torno a los 47,3 - 49,9 kg por habitante al año a principios de 2026, el nivel más bajo en dos décadas. En este contexto toman fuerza las carnes alternativas como pollo y cerdo.

Sin embargo, en el sur argentino, más precisamente en las provincias de Santa Cruz y Chubut pican en punta con una polémica propuesta: carne de guanaco y carne de burro.

La demanda de carne vacuna sufrió una contracción interanual del 2,5% a 13,8% a inicios de 2026, impulsada por aumentos de precios por encima de la inflación y una crisis económica que limita el poder adquisitivo. Reemplazo por otras proteínas: Los argentinos están diversificando su dieta, volcándose hacia el consumo de pollo (aprox. 47-48 kg) y cerdo (aprox. 18-19 kg) como alternativas más económicas.

En esa misma línea la faena de animales ha registrado caídas consecutivas, reflejando una reducción en la oferta debido a factores climáticos adversos en años anteriores.

Carne de guanaco, una oferta con historia en el sur de Argentina

En 2018, un censo en la provincia de Santa Cruz calculó una población de un millón de guanacos y en la actualidad, muchos consideran que creció hasta unos cuatro millones. Otros se animan a decir que hay seis millones deambulando por el territorio provincial.

Esta semana llegó a distintos comercios de distintas localidades santacruceñas, la carne de guanaco. La entrega es directa de los dos frigoríficos autorizados en packs, con trazabilidad y seguridad sanitaria. Los frigoríficos faenan y empacan la carne y distribuyen a cientos de comercios, supermercados, carnicerías y hasta pollerías como Don Mateo en Puerto Deseado, donde Danilo Veiga se convirtió en pionero cuando en pleno verano del 2026 lo anunció como producto estrella. Frente al aumento de la carne vacuna, que trepó un 50 por ciento en los últimos meses, el guanaco tiene un costo muy competitivo.

Los dos kilos de picada cuestan 12 mil pesos mientras la clásica picada especial de carne vacuna se encuentra en 14 mil por kilo. Los cortes -lomo, cuarto, paleta- llegan envasados al vacío. Hay pack familiar por 20 kilos, todo sin hueso, a un valor promocional de 6500 pesos el kilo.

Hay un pionero en Santa Cruz que talló su vida junto a los guanacos. Es Eric Mario Augustin. Su mote es “El Maradona de los Guanacos”. Está junto a la Ruta Nacional 40, en Gobernador Gregores, donde recibe unas tres combis de turistas europeos por semana que buscan conocer el manejo sustentable de los guanacos. Eric con su compañera, Mónica Reinsch, impulsa el Proyecto Patagonia Nativa lo impulsa y ofrece conocer en su campo a estos animales con manadas de entre 100 y 400 individuos.

El kilo de lana de guanaco tiene un precio de 250 dólares frente a los 5 dólares de la mejor lana de oveja. Así pudo vender 6000 kilos a Italia y cuando estuvo en Bolivia para promocionar el emprendimiento pudo comercializar 100 kilos.

Una cosa es la faena y venta de carne y otra muy distinta es un proyecto sustentable como de Patagonia Nativa. En esta provincia, también se los puede ver en libertad. Y si se recorre el Parque Nacional Patagonia o la reserva Parque Patagonia -administrada por la fundación Rewilding- el guanaco está a cada paso. Historia, naturaleza, producción y turismo se unen en un territorio donde las dimensiones lo convierten en la Patagonia infinita.

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"Orejas de burro te... voy a comer"

En Chubut la reciente incursión en la producción y comercialización de carne de burro abrió un intenso debate social, productivo y cultural en la Argentina. Lo que comenzó como una iniciativa individual impulsada por el productor rural Julio Cittadini, en la zona de Punta Tombo, rápidamente se transformó en un tema de discusión pública.

El proyecto comenzó a concretarse en abril de 2026 con una fase experimental que incluyó faenas controladas y las primeras ventas al público. La carne de burro empezó a comercializarse en una carnicería de Trelew a un valor de 7.500 pesos por kilo, con cortes similares a los vacunos, lo que marca un intento claro de posicionarla como un sustituto o complemento dentro del consumo habitual.

Paralelamente, se organizó una degustación abierta en una parrilla local para el 16 de abril, donde los vecinos podrán probar empanadas, chorizos y asado elaborados con esta carne, en una estrategia orientada a romper prejuicios y medir la aceptación social.

La propuesta de Cittadini no surge de manera aislada ni caprichosa, sino como respuesta a una problemática estructural que afecta a la región patagónica: la crisis de la producción ovina. En los últimos años, la actividad lanera sufrió un fuerte deterioro debido a factores como la depredación por fauna silvestre, la baja rentabilidad y las dificultades climáticas.

A esto se suma que muchos campos no son aptos para el desarrollo de la ganadería bovina, lo que limita las alternativas productivas tradicionales. En este contexto, el productor plantea al burro como una especie resistente, adaptable al ambiente árido y con potencial económico aún no explotado.

Organizaciones proteccionistas de animales cuestionaron la iniciativa desde una perspectiva ética, argumentando que el burro ha sido históricamente un animal de trabajo y compañía

A favor del proyecto, algunos sectores destacan la necesidad de diversificar la producción y adaptarse a las condiciones cambiantes del entorno. Consideran que la innovación es clave para sostener la actividad rural en regiones complejas como la Patagonia. Además, señalan que el consumo de carne de burro no es inusual en otros países y que, con el tiempo, podría normalizarse si se garantiza calidad, inocuidad y un precio competitivo.

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