En 2027 se vota.

La reforma electoral trae cambios en la BUP y ya hay polémica

El proyecto de reforma electoral que envió Javier Milei al Congreso modifica la BUP agregando la opción de "lista completa" para favorecer el arrastre

El Editor Platense | Andrés Paez
Por Andrés Paez
23 de abril de 2026 - 19:30

Como contó El Editor Platense, el presidente Javier Milei envió el proyecto de reforma electoral al Congreso, con un cambio significativo en la Boleta Única de Papel (BUP). El Gobierno insiste en incluir la opción de "lista completa", una movida para favorecer el arrastre de las figuras nacionales. Polémica en puerta.

A saber: la BUP ya fue aprobada en 2024 como una de las principales transformaciones del sistema electoral argentino, pero el diseño que terminó sancionado dejó afuera justamente esa posibilidad: votar toda una lista con una sola marca. El esquema vigente obliga, en los hechos, a elegir categoría por categoría, rompiendo la lógica tradicional de la boleta sábana que predominó durante décadas.

Ahora, el Ejecutivo busca reintroducir parcialmente ese mecanismo. La “lista completa” implica que el votante pueda optar por un partido o alianza y, automáticamente, trasladar esa decisión a todas las categorías en juego. En la práctica, significa recuperar el efecto arrastre, es decir, que un candidato fuerte en la cima de la boleta impulse a los demás postulantes de su espacio.

El comunicado sobre la Reforma Electoral y la BUP

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El nacimiento de la BUP y la lista completa que no fue

Cabe recordar que durante el debate parlamentario de 2024, la inclusión de la lista completa formó parte del proyecto original que se trató en Diputados, pero fue eliminada en el Senado. El resultado final fue una BUP “pura”, más cercana a los modelos provinciales como Santa Fe o Córdoba, donde el votante decide cada categoría por separado y el arrastre prácticamente desaparece.

Al eliminar el voto en bloque, el sistema tiende a fragmentar la representación, favoreciendo el corte de boleta y debilitando la cohesión de las listas. Para algunos sectores, se trató de un avance en términos de calidad institucional, al promover un voto más “reflexivo”. Para otros, implicó desconocer cómo funciona realmente la dinámica política argentina, donde las coaliciones y los liderazgos nacionales tienen un peso determinante.

En ese contexto, la iniciativa del Gobierno implicó desconocer cómo funciona realmente la dinámica aparece como una corrección sobre aquel diseño. No busca reemplazar la BUP ni modificar su estructura general, sino intervenir en el punto más sensible: el vínculo entre las distintas categorías de una misma lista. Es, en definitiva, una reforma dentro de la reforma.

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El argumento del Gobierno

El argumento oficial apunta a simplificar la experiencia del votante y evitar errores, pero el trasfondo es político. La posibilidad de votar lista completa ordena la oferta electoral y reduce el margen para estrategias de corte de boleta que, en muchos casos, terminan perjudicando a los espacios que encabezan la elección. En un escenario donde, además, se propone eliminar las PASO, el incentivo a cerrar filas detrás de una lista única cobra todavía más relevancia.

Quienes respaldan la modificación señalan que la BUP sin lista completa genera más problemas de los que resuelve. Mencionan la posibilidad de un aumento en los votos nulos o en blanco por errores, así como la dificultad para que los votantes menos informados completen correctamente todas las categorías. En esa línea, la lista completa aparece como una herramienta de simplificación.

La decisión del Gobierno de avanzar específicamente sobre este punto y no sobre otros aspectos de la reforma electoral tampoco es casual. Se trata de una modificación de alto impacto político, pero relativamente acotada desde el punto de vista legislativo y operativo. No implica rediseñar el sistema electoral, sino ajustar una pieza clave de su funcionamiento.

En definitiva, la polémica que se abre con la lista completa revela que la discusión sobre la BUP está lejos de saldarse. Más que un cambio técnico, lo que está en juego es el equilibrio entre dos modelos: uno que prioriza la decisión individual por categoría y otro que refuerza la lógica de las listas y el peso de los liderazgos. El Congreso tendrá la última palabra, pero el debate ya está instalado.

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