Economía.

En la Provincia, el 48 % del trabajo de las mujeres jóvenes es no remunerado

La Unidad de Género del Ministerio de Economía de la Provincia presentó un informe que revela además que 3 de cada 10 mujeres realizan tareas de cuidado

Por Vanesa Abalos
22 de abril de 2026 - 19:30

Un informe elaborado por la Unidad de Género del Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires, denominado “Jóvenes Bonaerenses en Foco”, Perfiles Laborales y Desigualdades de Género", arrojó como resultado que el 48 % del trabajo de las mujeres jóvenes es no remunerado.

En ese sentido, indicó que “la gran mayoría” de los jóvenes en la Provincia trabaja y estudia: se trata de 3 millones de personas que son el 25% del mercado de trabajo. Por otro lado, el 72% de los varones tiene empleo remunerado en tanto que las mujeres cae al 48%.

El informe indica también que "sobre la desigualdad estructural presente en el mercado de trabajo, se suma la intersección de otras formas de desigualdad como aquellas vinculadas al género y a la edad de los trabajadores. Desde una perspectiva de género, se observa que las mujeres han sido particularmente afectadas por estas transformaciones. Frente a la caída del salario familiar ocurrida a partir de los años 70 del siglo pasado, muchas incrementaron su participación en el mercado laboral como estrategia de compensación. Sin embargo, su inserción se produjo bajo condiciones de mayor inestabilidad y con altos niveles de informalidad. Esta mayor participación laboral, por su parte, no redundó en una redistribución del trabajo doméstico y de cuidados, que continuó recayendo mayoritariamente sobre ellas".

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Los detalles del informe en la Provincia

En la provincia de Buenos Aires, más de la mitad de las personas jóvenes trabaja de forma remunerada y, dentro de este conjunto, una proporción muy baja concilia estudio y trabajo remunerado. El resto de los jóvenes de la Provincia se reparte en dos grupos muy disímiles: por un lado, el conjunto de los jóvenes que se dedican de manera exclusiva a estudiar; y por otro, aquellos que no estudian ni trabajan de forma remunerada.

Esta realidad da la pauta de una marcada situación de vulnerabilidad: por un lado, jóvenes de bajo nivel educativo, por fuera de los circuitos formales de capacitación y sin posibilidades de acceso al mercado de trabajo; por el otro, jóvenes que, al contar con mayores niveles de apoyo familiar y mejores condiciones materiales, pueden dedicarse exclusivamente al estudio, ubicándose en una posición relativamente más ventajosa.

Una de las principales expresiones del riesgo de vulnerabilidad es la incidencia de la informalidad laboral. En este sentido, se identificó que, en comparación con las personas adultas, la informalidad presenta una incidencia significativamente mayor entre las personas jóvenes.

Las desigualdades de género y etarias se encuentran atravesadas por la posición socioeconómica de los hogares, una dimensión fundamental para el análisis de las desigualdades. En los sectores de menores ingresos muchas personas jóvenes se ven presionadas a abandonar el sistema educativo de manera temprana. En el caso de los varones, en general, para convertirse en aportantes de ingresos, y en el de las mujeres, para sostener la carga de tareas reproductivas no remuneradas. En cambio, entre los sectores de clase media y alta, las personas jóvenes gozan de la llamada “moratoria social”, que implica una menor presión para incorporarse al mercado de trabajo, lo que favorece la continuidad educativa y el tránsito y finalización de niveles de educación superior.

La falta de mecanismos efectivos de transición hacia empleos formales contribuye a la reproducción de la vulnerabilidad de estos grupos y limita sus posibilidades a largo plazo, permitiéndoles únicamente fluctuar entre ocupaciones inestables y precarias, y el desempleo o la inactividad; y teniendo, adicionalmente, efectos directos sobre los ingresos.

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La población joven en el mercado laboral: entre la informalidad y el desempleo

En ámbitos urbanos de la provincia de Buenos Aires viven 3.051.961 jóvenes de entre 18 y 29 años, de los cuales el 50,9% son varones y el 49,1% mujeres. Del total de esta población, el 56,0% se encuentra ocupada, el 33,1% inactiva y el 10,8% desocupada. En conjunto, las personas jóvenes representan el 25,4% del mercado laboral de la PBA.

Al respecto, se observa que la gran mayoría de las personas jóvenes (81,9%) es asalariada, es decir, trabaja para otras personas. Esta cifra es levemente mayor entre los varones (83,1%); mientras que desciende al 80,2% entre las mujeres. El cuentapropismo entre personas jóvenes no es una forma de inserción muy habitual (alcanza al 17,2%, contra un 24,6% entre las personas adultas) siendo levemente mayor esta proporción entre las mujeres.

En el marco del proceso de pauperización del trabajo, caracterizado por el crecimiento de los empleos precarios y la informalidad, la población joven se encuentra especialmente expuesta. La mayor incidencia de la informalidad en la juventud puede explicarse por las barreras estructurales que enfrentan para acceder y mantenerse en empleos formales, tales como la falta de experiencia laboral, la mayor exposición a los ciclos económicos y la segmentación del sistema productivo.

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