El Gobierno nacional logró bloquear el paro en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anunciado para este viernes, con un DNU publicado a última hora en el Boletín Oficial con el que refuerza el concepto de “servicios esenciales” y limita el alcance de las medidas de fuerza en áreas estratégicas.
La protesta, impulsada por trabajadores nucleados en la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), tenía como eje un “apagón meteorológico” que iba a suspender la emisión de pronósticos y alertas durante varias horas, con impacto directo en la actividad aeronáutica. El gremio denuncia más de 140 despidos y advierte sobre un vaciamiento del organismo que, aseguran, pone en riesgo la seguridad operativa.
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Sin embargo, la respuesta oficial fue inmediata. Desde el Ejecutivo sostuvieron que el funcionamiento del SMN está directamente vinculado a servicios críticos -como la navegación aérea- y que, por lo tanto, no puede quedar sujeto a una interrupción total. En ese marco, el DNU publicado este viernes se convirtió en la herramienta normativa para declarar la actividad como esencial o, al menos, encuadrarla dentro de aquellas que deben garantizar prestaciones mínimas obligatorias.
El punto de conflicto no es menor. Mientras el Gobierno avanza en ampliar el alcance de la esencialidad para evitar parálisis en sectores clave, desde ATE rechazan esa interpretación y sostienen que el Servicio Meteorológico Nacional no está formalmente incluido dentro de ese régimen. “Si es tan esencial, no pueden despedir trabajadores”, plantearon desde el gremio, en una crítica directa a la política de ajuste.
El Gobierno abre la puerta a la tercerización en el SMN
Si bien el decreto no menciona de manera explícita una privatización o tercerización del SMN, sí se inscribe en una lógica más amplia de desregulación y reducción del aparato estatal. En ese esquema, el Estado tiende a correrse del rol de prestador directo para asumir funciones de regulación o contratación.
Esa redefinición abre la puerta a escenarios de tercerización parcial. En sectores como la meteorología, el debilitamiento del organismo público podría derivar en la externalización de funciones, especialmente en áreas sensibles como la aviación, el agro o la provisión de datos especializados.
El conflicto de este viernes dejó al descubierto esa tensión. Para los trabajadores, el “apagón meteorológico” buscaba visibilizar la centralidad del organismo: sin datos, no hay vuelos. Para el Gobierno, en cambio, ese mismo argumento refuerza la necesidad de garantizar el servicio y, eventualmente, diversificar su provisión para evitar que una medida gremial pueda paralizar actividades clave.
Con el paro finalmente desactivado y reemplazado por instancias de asamblea, la disputa quedó planteada en varios niveles: laboral, legal y político. Y, sobre todo, dejó en evidencia que la discusión sobre la esencialidad del Servicio Meteorológico Nacional es apenas la superficie de un debate más amplio sobre el futuro del Estado en áreas estratégicas.